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Adelgazar sabiendo

El blog de Marisol Guisasola

Un vaso de zumo de naranja

¿Qué tomo para el estrés?

El verano acecha y empiezas a valorar los efectos del invierno en tu aspecto. “¿Cuándo me han salido estas bolsas en los ojos?¿Por qué tengo esta piel tan apagada? ¿Cómo es que se me cae tanto pelo? ¿Desde cuándo tengo este michelín horrible?”, son preguntas clásicas que nos hacemos cuando llega la primavera. Si echas la culpa al estrés, no vas descaminada. El estrés que se mantiene en el tiempo (estrés crónico) altera los sistemas de comunicación que existen entre el sistema nervioso, el sistema hormonal y el sistema inmunitario, y las consecuencias pueden ser obesidad, depresión, alopecia, envejecimiento prematuro, problemas respiratorios y digestivos, alteraciones cardiovasculares, trastornos inflamatorios…

¿Qué puedo tomar para combatir el estrés y mejorar mi aspecto y mi energía?, te estarás preguntando. Antes que nada, te interesa saber que tu sistema nervioso y tu cerebro necesitan unos 40 nutrientes básicos para funcionar con normalidad. Un déficit de alguno de ellos -ya sea magnesio, zinc, cobre, hierro, vitaminas del grupo B, ácidos grasos omega-3 o ácido fólico- puede agravar ese estado de decaimiento que arrastras y afectar a tu salud y a tu aspecto.

Si, como mucha gente en invierno, te has pasado tres calles con los hidratos de carbono refinados, los dulces y la comida rápida —rebosantes de calorías y vacíos de esos nutrientes que tanta falta te hacen– empieza ya mismo a cambiar el aspecto de tu despensa y tu nevera y a llenarlas de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescados, carnes magras, lácteos desnatados, frutos secos, aceite de oliva virgen extra, hierbas aromáticas y especias… Luego hazte con un buen libro de cocina que te enseñe a preparar menús imaginativos con todos esos productos. Si aun así, crees que necesitas tomar vitaminas, opta mejor por un suplemento multivitamínico/mineral que por una vitamina concreta.

Otras 4 recomendaciones importantes:

1) asegúrate de 7 a 8 horas de sueño al día;

2) camina al menos 45 minutos diarios al aire libre;

3) practica la meditación o el mindfulness;

4) recurre a la respiración lenta en momentos de estrés (Se hace así: con una mano en el vientre, nota cómo se llena de aire en la inspiración y cómo se vacía al expulsarlo muy lentamente, mientras relajas los hombros al mismo tiempo. )

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