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Adelgazar sabiendo

El blog de Marisol Guisasola

Happy woman celebrating weight loss

Objetivo para 2018: desterrar los pensamientos que sabotean mi peso

“Es muy fácil hacer dieta, yo he hecho cientos de ellas”, podríamos decir parodiando a Einstein, que repetía esa frase refiriéndose a lo difícil que es dejar de fumar. Y es que perder peso no es cosa sencilla . ¿La prueba? Más del 80 por ciento de las personas que adelgazan con una dieta recuperan los kilos perdidos en pocos meses. Los psicólogos atribuyen muchos fracasos — sobre todo en las chicas– a las “conversaciones tóxicas” que mantenemos con nosotras mismas. Estas son algunas de las cosas que nos decimos y que sabotean nuestro objetivo:

“Fallar una vez es tirar la toalla”. “Como me he saltado la dieta y me he tomado un par de donuts para desayunar, ahora da igual que coma todo lo que me apetece”. Este tipo de pensamiento tóxico choca de frente con la lógica:  Dos donuts tienen unas 420 calorías, pero atiborrarte el resto del día puede suponer varios miles. De hecho, las dietas inteligentes permiten pequeños caprichos, porque las prohibiciones estimulan el deseo de lo prohibido. Y siempre podemos compensar un capricho comiendo menos en la cena o al día siguiente o bien moviéndonos más.

“Tengo que…”. “Tengo que seguir mi dieta a rajatabla, tengo que hacer 90 m de ejercicio al día, tengo que perder dos kilos a la semana…” Típico de personalidades obsesivas, ese enfoque acaba provocando frustración, porque es difícil mantener  pautas rígidas a largo plazo. De hecho, muchos trastornos de la alimentación tienen que ver con esa forma estricta de pensar.  El “antídoto” es asociar la comida con disfrute y con una forma de mejorar la salud. ¡Y nada es más atractivo que un cuerpo saludable!

“Las dietas no funcionan”. “No sé por qué tengo que hacer dieta; ninguna me ha funcionado jamás”. Este es un pensamiento  típico de quienes han seguido muchas dietas yo-yo, tan escasas, que acabas tirando la toalla y recuperando los kilos perdidos… y alguno más. La solución pasa por no pensar en dieta, sino en comer sano, con una alimentación apetecible, rica en verduras, legumbres, granos integrales, huevos, pescados, lácteos y carnes magras… y pobre en azúcares, harinas refinadas y grasas saturadas y trans. ¡Con esa alimentación, la pérdida de peso está asegurada!

“No tengo fuerza de voluntad”. “Sé que soy incapaz de mantenerme fiel a una dieta”,  dicen algunos. Este tipo de pensamiento delata baja autoestima e inseguridad y puede incluso funcionar como coartada para no tener que afrontar retos. La solución pasa  por dedicarnos una mirada más objetiva, desechando prejuicios negativos y valorando lo positivo que tenemos (escribir una lista con 5 pros y 5 contras puede ayudar).  


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