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On the roof

El blog de Amaya Valdemoro

Gracias papá

Se acerca el día del padre y, aunque sea con adelanto, aprovecho este espacio para felicitar a mi señor padre, mi compañero de viaje, la persona que seguramente me dio mi primer abrazo, me vio dar mis primeros pasos, me vio ganar, y perder, por primera vez, creyó en mis sueños… Sin duda alguna, mi máximo apoyo.

No sé qué le voy a regalar o si justo ese día 19 le regalaré algo porque ya os he contado que no soy mucho de regalar en fechas señaladas y sí más de improvisar. Ya veré si encuentro algo y en todo caso ojalá estas líneas sirvan para expresar el amor y agradecimiento que tengo hacia él, por todo lo que me quiere y por lo muchísimo que me ha ayudado siempre y especialmente durante mi etapa como jugadora.

Siempre se comenta que detrás de todo deportista hay personas que son vitales, referentes, compañeros de viaje y que hacen el papel de timón para que puedas tener la estabilidad necesaria y a lo máximo. Es cierto porque para que la máquina funcione muchas piezas deben encajar, las hay más y menos importantes pero lo que nunca me cansaré de repetir es que para que un deportista triunfe es necesario que tenga una familia detrás.

Que ellos estén pendientes, educando, aunque sea en la distancia como me sucedió a mí. Dejé mi casa cuando todavía no había cumplido los 15 años para no volver… Casi nada, y el camino ha sido largo y duro porque a ti te toca hacer sacrificios pero también a los tuyos, a tus padres y hoy creo que es de justicia hablar de él, de mi padre, de Álvaro.

Siempre he estado muy unida a mi padre. Nos gustan las mismas cosas y siempre me ha encantado escuchar sus historias, nadie las cuenta mejor que él, de caza aunque eso lo fue dejando a medida que yo iba creciendo y haciendo deporte porque los fines de semana se iba conmigo. Me acompañaba en mis carreras y lo hacía literalmente. No es que me llevara y ya sino que siempre estaba ahí, a 200 metros, de la meta para darme el último ánimo. Cuando no podía más le buscaba con la mirada para decirle que no iba y ahí estaba él para correr conmigo esos últimos metros, gritando y animándome ‘tú puedes, vamos’. Ahí llegaba el sprint final y creo que esos gritos eran los que me permitieron ganar muchas carreras. En realidad las ganaba él.

Cuando dejé el atletismo y comencé a jugar al baloncesto pasó lo mismo. Entonces no corría a mi lado ni podía bajarse a la pista a tirar pero aun así yo le buscaba con la mirada siempre, sobre todo cuando el balón no entraba o no me salían las cosas y encontraba la fuerza y la convicción para volver a intentarlo. Me acompañó en todos mis torneos importantes menos en los Juegos Olímpicos porque esos los prefería ver tranquilo desde casa, al fin y al cabo al no poder estar en la Villa Olímpica tampoco podía estar cerca de mí y del equipo.

Muchos, yo diría demasiados durante mis primeros años, perdieron el tiempo en criticar que estaba muy encima de mí, que si me ayudaba o no. Al final, como todo en esta vida, el tiempo pone a cada uno en su sitio y creo que no me fue nada mal en el baloncesto así que saquen sus conclusiones. La mía es que sin él yo no habría sido ni la mitad, todo habría sido mucho más difícil y mi currículum se quedaría en unas pocas líneas. Los padres están ahí para guiarnos, son los primeros que pueden juzgar y decir que creen que estás haciendo bien o mal.

Claro que en el camino hemos tenido nuestros enfados y como encima somos iguales algunos han sido de campeonato, me río al pensarlo. Pero mira eso también forma parte de la relación padre e hija.

Ahora, como entonces, mi primera llamada es para mi padre. No importa dónde ni cuándo ni cómo. Si me pasa algo bueno o algo malo es con él con el que quiero hablar porque sé que ahí encontraré las palabras de alegría, de ánimo o las que me hagan recapacitar. No sé si eso le convierte en héroe pero para mí sí en un súper padre.

Te escribiría hasta acabar con el papel pero creo que también una palabra basta: GRACIAS papá y, sobre todo por estar siempre ahí, TE QUIERO.

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