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On the roof

El blog de Amaya Valdemoro

Ilustración de Barcelona, por Jaume Tènes

Barcelona

La mayoría de las veces me siento y escribo como dirigida por un impulso. Viene una idea y tras ella una cascada de palabras pero esta vez he pensado bastante si escribir o no sobre este tema porque no es fácil expresar algo racional cuando los sentimientos están tan a flor de piel.

He vivido desde fuera de España el atentado que hemos sufrido y desde el momento que me enteré por Twitter me pegué a la tele, me puse en contacto con mis amigos de allí, intentando estar cerca desde la distancia por propia necesidad.

Nos está tocando vivir una época dura, difícil en la que un odio irracional parece dispuesto en cualquier momento a dividir el mundo en dos. Siempre buscando, o inventando, motivos para la discordia. Ha sucedido aquí cerca de donde estoy, en Charlottesville, y es que un lugar tan teóricamente progresista y lleno de libertades como EEUU sigue dividido, roto entre blancos y negros. Aparece la palabra supremacía, tan ridícula porque al final a todos nos corre sangre del mismo color. Blancos, negros, latinos, árabes, orientales… sangre roja.

Lo que ha pasado en Barcelona y Cambrils es un sinsentido que nos sumerge en lágrimas, dolor, rabia a todos. Durante unos días no se ha hablado, o ha quedado minimizado, el debate España & Cataluña y aún así hay políticos que aprovechan una tragedia para seguir dividiendo. ¿Se puede ser más irresponsable para sembrar odio sobre un acto de odio? ¿Es que no se dan cuenta de que hay actos que tienen consecuencias y después lloramos?

Las personas que tienen responsabilidades, incluso aunque sean mínimas, deberían tener más cuidado en momentos así con sus palabras y dejar de vivir del ir siempre en contra de algo, de alguien, como si siempre tuvieran que estar buscando un enemigo. Hay que sofocar estos odios, que nos pueden parecer mínimos pero que no lo son.

Debemos distinguirnos de los que no quieren vivir en concordia, gente que no está en paz ni consigo misma porque solo así se pueden entender, aunque cuesta, este tipo de actos ni esa necesidad de división . No es cuestión de comunidades cristianas, musulmanas, del este o del oeste, de una región o de otra, es cuestión de cada uno, de manera individual y responsable.

Nos ha tocado vivir en un tiempo en el que algunos quieren que respiremos miedo porque sus actos, multiplicados por la velocidad supersónica de las red, generan incertidumbre. ¿Qué hacer? Es difícil pero quizás todo empieza porque cada uno no alimentemos nuestro propio odio.

Agradecimientos: Ilustración de Jaume Tènes. 

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