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Caperucita en Manhattan

El blog de Laura Ruiz de Galarreta

Instinto básico 2. Con Sharon Stone

Luces, cámara… ¡fuera ropa!

Las actrices se desnudan tres veces más que los hombres. En pantalla, claro. O lo que es lo mismo: un 26% de los personajes femeninos de las cien películas norteamericanas más taquilleras en 2014 aparecieron desnudos o semidesnudos, frente a un 9% de los actores.

No lo digo yo, lo dice ahora el estudio publicado en los últimos días por la Universidad Mount Saint Mary de Los Ángeles, que también confirma que las mujeres son protagonistas en un 12% de las pelis analizadas. Y, sorpresa, tan solo 23% de los papeles que interpretan las actrices en Hollywood muestra a una mujer en un puesto de trabajo, algo bien extraño teniendo en cuenta que casi el 50% de la población empleada en Estados Unidos son mujeres.

Y digo “ahora” no porque sean datos nuevos sino precisamente por lo contrario. Hace escasos meses otro análisis académico, esta vez de la Universidad del Sur de California, concluía que todos los grandes estudios (Warner Brothers, Paramount, Disney…) dejaban bastante que desear en cuestión de diversidad. En las casi quinientas películas y series de televisión examinadas, sólo el 33% de los personajes eran mujeres. Además, el estudio ofrecía otro dato tremendamente significativo: los papeles para mayores de 40 años eran interpretados mayoritariamente por hombres, y tan solo en un 26% correspondía a mujeres, en otro gesto más de olvido de la industria del cine hacia las actrices de más edad.

Detrás de las cámaras no hay edad ni desnudos, pero ambas investigaciones muestran también que el número de mujeres que trabajan en los estudios así como el de directoras también resulta bastante desolador. Por no mencionar las diferencias salariales. Pero no quiero hablar hoy del panorama laboral, que desgraciadamente es similar al de muchas otras industrias y mercados, sino de inspiración.

Porque esas series, películas, cortometrajes… constituyen espejo y a la vez estímulo de muchas familias, grupos de amigos, parejas de novios, pensionistas, adolescentes… en el mundo entero. Es de hecho, la única fuente de cultura que tienen miles de personas en los cinco continentes. Y, en muchos casos, el foco de conocimiento con mayor capacidad de influencia en cientos, miles, cientos de miles de niños.

Es curioso, hubo un tiempo en el que las películas de Hollywood ayudaron, y mucho, a la mujer española. En una época en la que en nuestro país se consumía cine por encima de la media, aquellas mujeres de los años veinte y treinta que aparecían en la pantalla con un nuevo estilo, su falda breve, el pelo corto, sin corsé por prescripción de madame Chanel, amantes del jazz y de lo nocturno, enseñaron a las españolas que existía un mundo sin tanto convencionalismo.

Eran mujeres que bebían y fumaban, se maquillaban y conducían, se cuidaban de engordar, trabajaban, paseaban con hombres y hasta vivían de forma independiente. Lo que Scott Fitzgerald denominó flappers eran, fundamentalmente, mujeres que disfrutaban de la vida

en un mundo que empezaba tímidamente a abrirnos sus puertas y en un cine, que por primera vez, para asombro del mundo, nos reflejaba como dueñas de nuestro destino… y llenaba así de aspiraciones las mentes, los sueños, los corazones, el futuro, de sus miles de espectadoras en España y en el mundo.

¿Dónde está hoy ese Hollywood? Vaya, lo hemos pillado en paños menores.

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