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Caperucita en Manhattan

El blog de Laura Ruiz de Galarreta

Día de la madre

Mom, mamma, mère, madre

Y estos días escucharemos “mamá” en los casi 7.000 idiomas que hay en el mundo. Volviendo de París, me he puesto a escribir este artículo que hoy, cita obligada, quería dedicar a las madres. Y me pongo a ello con el frío del avión como estímulo, pero para cuando las azafatas circulan el carrito de las bebidas ya me he dado cuenta de que es muy difícil, por no decir imposible, hablar de las madres, así en general, sin caer en los más inmensos tópicos.

 

Y entonces me pongo a pensar en mi madre y hasta aquí los lugares comunes. Porque mi madre es, como todas las madres, increíble e irremediablemente única salvo eso, que es madre. Así que, ahí va este post, mamá.

 

A mi madre, que escribió el primer mail de su vida (y ha habido muy pocos más), estando yo estudiando en Estados Unidos para recordarme que comiera lentejas.

A mamá, que los domingos por la tarde nos hacía sándwiches y chocolate caliente y nos dejaba disfrazarnos con su ropa para que empezáramos la semana con buen rollo.

A mi madre, que no sabe disimular cuando alguien le saca de quicio y no conoce la diplomacia, para desesperación de mi padre.

A mi madre, que quiere sin reservas y sin límite.

A mi madre que cuando le dije que me iba de casa en un ataque de adolescencia, llenó la maleta y me la puso en la puerta.

A mi madre que lleva el coche siempre en primera o segunda y como mucho tercera, a tope revolucionado, por pereza a cambiar de marcha.

A mi madre, que en su educación de hija única aun hoy le cuesta sudores decir te quiero.

A mi madre que venía a buscarnos a los cuatros hermanos con el 850.

A mi madre que lee todo lo que cae en sus manos y es capaz de estar toda la noche en vela para acabar un libro.

A mi madre que te dice lo que piensa sin cortarse y después acepta lo que tú decides sin juzgarte. Bueno, a veces un poco.

A mi madre que aún sufre por las horas que trabajo.

A mi madre, que cuando me dice “cariño” me hace volver otra vez a la edad de las trenzas y sentir que es imposible que pase nada malo.

A mi madre que te dice que no le gusta tu corte de pelo y no te pide disculpas por ello.

A mi madre, cabezota como ella sola.

A mi madre, que ha trabajado siempre fuera de casa y nos ha enseñado el valor de la independencia económica.

A mamá, que ha estado conmigo, cuidándome noche y día, en cada una de las tres operaciones que he tenido en los últimos cuatros años.

A mi madre que ha aprendido a utilizar whatsup para estar conectada con sus hijos, especialmente conmigo, que soy la que vivo fuera.

A mi madre, que a los 65 se ha apuntado a un coro, que pasa olímpicamente de la talla 40, que viaja y que disfruta de la vida como si tuviera 20.

A mi madre que cuando tenía 20 años se hacia el spagat y te lo recuerda siempre que tiene ocasión.

A mi madre que cuando se enfadaba nos amenazaba con “quitarse la zapatilla”.

A mi madre, que llora muy poco, pocas veces, pero lo hace a fondo y entonces querrías pagar lo que no tienes por poder quitarle la pena.

A mi madre que, no nos lo dice, pero está orgullosa de sus hijos y solo nos damos cuenta cuando la escuchamos hablar con sus amigas.

A mi madre, que nos compraba Napolitanas para desayunar los fines de semana.

A mi madre que bailó conmigo encima de la cama en el último viaje de chicas Galarreta a Londres.

A mi madre, que sueña con Mortadelo y Filemón y se despierta con su propia risa.

A mi madre que siempre encontraba todo “en su sitio” y cuando la llamabas decía estar en “la tripa de Jorge, donde no llueve ni nieva”.

A mi madre, que sin ser la mejor cocinera, podría tener estrellas Michelin en los platos que más nos gustan en casa.

A mi madre, dormilona, comilona, disfrutona. A mi madre, de ojos miel casi verdes y pecas sin límite.

A mi madre, que hace 20 años nos llevó de viaje familiar a Cuba, para que conociéramos un país comunista antes de que muriera Fidel Castro.

A mamá que se vino a verme ella sola a San Francisco haciendo escala de un día en Filadelfia sin hablar ni una palabra de inglés. Es que ella es de francés.

A mi madre, que cuando se ríe en el cine hace reír a toda la sala.

A mi madre, que odia dormir sola.

A mi madre, vasca por los cuatro costados. Tan cabezota.

A mi madre, que te dice, “tranquila, tranquila hija, no pasa nada, es absolutamente normal”  pero le tiemblan las manos.

A mi madre, que me castigó un mes sin Nocilla por robar un rollo de cinta aislante  en una ferretería.

A mi madre, que no ha habido manera de enseñarle a montar en bicicleta.

A mi madre, que me ha pillado casi todas las mentiras y las pellas. Casi todas, pero no todas.

A mi madre, por darme la vida, por enseñarme a amar la vida, por formar parte de mi vida, porque la vida no sería sin ella.

 

Mom, mamma, mère, mamá. Mi madre.

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