mujerHoy

Caperucita en Manhattan

El blog de Laura Ruiz de Galarreta

Besos prohibidos

Un beso. Dos mujeres adolescentes, 16 y 17 años. Una azotea de Marrakech. Y un maldito vecino o tío o hermano o quienquiera que al ver a las dos niñas pensara en sacar una cámara y fotografiar el beso a traición. La imagen podría haber sido candidata al Pulitzer, pero acabó en una comisaría.

Denunciadas por su propia familia. Arrestadas. Juzgadas. Por darse un beso. Por ser mujeres. Por ser lesbianas, un colectivo prácticamente invisible en Marruecos, donde podrían ser condenadas hasta con tres años de cárcel por un régimen que, además de castigar la homosexualidad, castiga el adulterio y las relaciones extramaritales. Maldito artículo 489, ese que persigue la comisión de “actos contra natura con individuos del mismo sexo” en un país que ha firmado la declaración de los Derechos Humanos, pero  anuncia con total impunidad la defensa con dinero público de un violador reiterado.

Ha sido tal el revuelo internacional que, aunque iban a ser juzgadas el pasado viernes, salieron de la prisión de Boulemharez en libertad provisional, a la espera de fecha en el tribunal de primera instancia de Marrakech. No obstante, en un país donde la tradición es ley, la mayor pena para estas niñas será la vida diaria. Porque quedarán marcadas, porque serán despreciadas, incluso repudiadas. Condenadas a vivir sin amor, sin hijos, sin respeto, con la culpa de haber llevado la desgracia a sus familias.

No puedo evitar pensar que todo esto sucede a una hora en avión de Madrid y a casi treinta años de que poco a poco, España empezara a caminar por la senda de la tolerancia. Algunas de vosotras recordaréis aquella maravillosa canción de Mecano, Mujer contra Mujer, de finales de los ochenta. Fue una de las primeras canciones que hablaba de manera abierta de la homosexualidad y supuso una gran revolución.

Prácticamente fue número uno a nivel internacional y hasta el Vaticano amenazó con excomulgar a los tres integrantes de Mecano por el escándalo. “Nada tienen de especial dos mujeres que se dan la mano, el matiz viene después cuando lo hacen por debajo del mantel. Luego a solas sin nada que perder, tras las manos va el resto de la piel. Un amor por ocultar y, aunque en cueros no hay donde esconderlo, lo disfrazan de amistad cuando salen a pasear por la ciudad. Una opina que aquello no está bien. La otra opina que qué se le va a hacer y lo que opinen los demás esta demás. Quién detiene palomas al vuelo volando a ras del suelo, mujer contra mujer”.

Y sin embargo, hoy, tres décadas después, la vida tampoco es fácil para las gays en España. Al menos en las grandes ciudades, los hombres homosexuales han conseguido ya prácticamente la plena aceptación gracias a su presencia habitual en series y a la apertura de modistos, chefs, y hasta jueces y políticos, pero las lesbianas aún viven a media luz, en esa normalidad incómoda donde todo se da por sobrentendido y es “mejor no preguntar”.

Tres décadas, una hora de vuelo. “No estoy yo por la labor de tirarles la primera piedra. Si no gusto, ya sé lo que hay que hacer, que con mis piedras hacen ellas su pared. Quién detiene palomas al vuelo, volando a ras de suelo. Mujer contra mujer”.

|

Comentarios