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Caperucita en Manhattan

El blog de Laura Ruiz de Galarreta

No Madres

Me llamo Laura y soy una No MADRE

No conozco a María Fernández-Miranda. Al menos, no personalmente, porque he oído hablar mucho de ella por varias amigas en común a las que ambas apreciamos mucho, y la sigo desde hace años, a través de las páginas que ha escrito en diferentes revistas y del estilo de vida y productos que prescribe. Que también son maneras de vislumbrar la mujer que se esconde detrás del nombre.

 

Mientras escribo esto y repaso su biografía con motivo de la publicación de “No MADRES. Mujeres sin hijos contra los tópicos”, pienso que es curioso que no nos hayamos encontrado nunca, porque veo que también tenemos algunas vivencias similares, y paralelas. Nacimos prácticamente a la vez en pequeñas ciudades del norte, estudiamos Periodismo en la Universidad de Navarra en la misma época y las dos nos vinimos a Madrid para trabajar en sectores paralelos, como los temas relacionados con la mujer o las revistas femeninas.

 

Ambas nos casamos tarde para los estándares habituales. Ella dice que lo hizo “contra pronóstico”, yo mantengo siempre que fue porque la vida me puso en el camino a mi hoy marido, una inmenso golpe de suerte que afortunadamente supe advertir con claridad. Porque prisa, no tenía ninguna. Supongo que como María.

 

También hemos debido coincidir en salas de espera, consultas y hospitales, en las áreas de maternidad y fecundación. Nos habremos cruzado tumbadas en la camilla, en los ascensores o por los pasillos, y seguramente cuando yo cerraba las piernas y abandonaba el “potro de tortura” de la consulta del ginecólogo, ella se desvestía en la antesala por enésima vez (y pensar que a mí al principio esas exploraciones me causaban tanto pudor).

 

Desde las mismas batas, con el nombre bordado en el bolsillo lleno de bolis, los médicos nos habrán comunicado los mismos “NO”, “NO”, “NO”, “NO”… “No estás embarazada”. Hemos escuchado un diagnóstico semejante, “endometriosis, que a mí, después de los tratamientos de inseminación, me llevó por un periplo de tres operaciones consecutivas, con una histerectomía radical más doble anexectomía en la última, lo que se suele llamar “un vaciado” y que en realidad es una extirpación del útero, el cuello del útero, la parte alta de la vagina y todos sus ganglios y conductos linfáticos, las trompas de Falopio y los dos ovarios.

En estos años habremos quizá, almorzado o cenado en los mismos restaurantes, en mesas contiguas, respondiendo lo mismo a la pregunta “¿dónde te has hecho las mechas?” que a las inevitables “¿cuántos hijos tienes?”, “ah y ¿por qué no los tienes?” (en ese momento es cuando te recomiendan primero a su médico, luego las sesiones de acupuntura que hicieron diana con su vecina “que de hecho ya tiene tres”, por último una infusión de hierbas nocturna) para acabar planteándote, por si no tenías atragantado el tartar de salmón y querías al menos intentar disfrutar del postre, “¿y por qué no adoptas?”.

 

¿Cuántas veces has escuchado, María, que seguro que “cuando te funcione el tratamiento, te volverás a quedar embarazada en seguida y de forma natural, porque lo más importante es relajarse”? O has preguntado, al sentarte entre amigas, como están los niños, maldiciéndote dos horas después por haber sacado a colación el que ha sido el único tema del desayuno: “A mí me hubiera encantado estudiar música pero ¿y si les estoy condicionando demasiado?”; “lleva dos meses con los dichosos mocos, ¿tú a qué medico les has llevado?”; “no hay manera de meterle en la cabeza que ahora las notas ya cuentan para la selectividad”; “este año lo mando a Inglaterra en verano”, “cuídate que no vaya con otros españoles, que no aprenden nada”; “¿crees entonces que debería comprarle el móvil?”… hasta que pides la cuenta y ves el codazo entre las dos más cercanas al caer en que has estado inusualmente silenciosa.

 

Y tienes razón María, gracias. No tenemos por qué seguir calladas. Para aquellas que tengan alguna duda, podéis leer su libro y la experiencia de todas esas valientes que han querido contar su historia. Aquí aporto la mía: yo nunca me he sentido menos mujer por no ser madre, ni tampoco por el “vaciado”, aunque algunos se han empeñado en ponérmelo complicado. Hay tantas mujeres como formas de ser mujer: si puedes, si quieres, si no puedes, si no quieres.

 

Me llamo Laura y soy una No MADRE.

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