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Espía en Hollywood

El blog de La espía

Amal Clooney and George Hooney Hrive at the Los Angeles premiere of "Suburbicon" on Sunday, Oct. 22, 2017 in Los Angeles. (Photo by Jordan Strauss/Invision/AP)

La poliédrica Amal Clooney

Anna Wintour ya tiene a sus elegidas. La próxima gala del MET, que la archifamosa (y architemida) directora de Vogue organiza cada primavera en el museo neoyorquino, estará inspirada en la influencia de la simbología católica en la moda y tendrá tres anfitrionas de honor: Donatella Versace, Rihanna y Amal Clooney. Pero vayamos partes… Versace y Rihanna parecen elecciones tan lógicas como obvias: la diseñadora de alta costura -cuya marca por cierto patrocinará la velada- y la pop star más fashionista, cuyos looks en la alfombra roja del MET, a la que ha acudido en siete ocasiones, son algunos de los más icónicos de la historia reciente de la gala. Hasta aquí, todo en orden.

La nota discordante (y algo desconcertante) la pone Amal Clooney. Para empezar, porque solo ha asistido a la gala en una ocasión. Lo hizo, como cada vez que pisa una alfombra roja, del brazo de su marido, George Clooney, en 2015. El mensaje es cristalino: él es la estrella en labores de promoción; ella la sonriente (a la par que discreta) consorte. Tanto es así que es difícil (o casi imposible) encontrar una foto suya en la que pose sola en la red carpet. Tiene sentido. Su negocio es otro: el de las cortes internacionales, el de los derechos humanos, el de los discursos en las Naciones Unidas, el de las audiencias privadas con el Papa para tratar el tema de los refugiados… Tiene una reputación y necesita protegerla. Por eso, siempre ha sabido mantener una prudente distancia con el cegador glamour de la industria que ha hecho famoso y rico a su marido. Y por eso, llama tanto la atención que la abogada dé ahora un paso al frente y reivindique su estatus de celebrity (sin marido adherido a la causa) en uno de los grandes eventos del año.

O quizá no sea tan extraño. Al fin y al cabo, Amal es un fashionista declarada. Sofisticada por naturaleza, luce siempre pluscuamperfecta, sea en la noche de Oscar o dando una conferencia. Y tiene mérito, porque ni si quiera tiene un estilista en nómina. Además, es obvio que le gusta ser el centro de atención de un buen sarao. Solo hay que acordarse de su boda en Venecia: cuatro días de fastos, paseos en barco Gran Canal arriba, Gran Canal abajo, una infinidad de modelitos de alta costura y hasta la pertinente exclusiva para la portada de una revista. Por cierto, que entre los invitados de aquella sonadísima boda estaba, precisamente, Anna Wintour, que también documentó el “making off” del vestido de novia, diseñado por Oscar de la Renta, en las páginas de su revista.

De hecho, aquella boda tan poco discreta alimentó el viejo rumor de que el actor aspiraba en secreto, aunque sin disimularlo demasiado, a hacer carrera política y terminar en la Casa Blanca. Se dijo, incluso, que su boda con la abogaba era parte de una consumada estrategia de marketing para construir la imagen de un candidato apto (es decir, casado) para la carrera presidencial. Pero esa tesis se ha ido desmontando sola con el paso del tiempo. Más que nada porque cada vez que se le preguntan, Clooney lo niega con tanta vehemencia que cuesta poner en duda sus palabras.

De hecho, y según publicaba recientemente el Daily Mail, puede que sea Amal la que tenga una brillante carrera política por delante. Al parecer, su nombre ya se baraja entre los candidatos para ocupar un asiento en la Cámara de los Lores, la cámara alta del parlamento británico. Una demostración más de que Clooney es la estrella poliédrica: jurista prestigiosa, activista comprometida, mujer de una superestrella, madre de gemelos y fashionista consumada y adicta a los flashes de la alfombra roja. Todo en uno y sin despeinarse jamás su famosa melena.

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