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Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

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Innovación

Rusia, no hagas, Rusia, no saltes, Rusia, dónde estás, Rusia, por favor, Rusia no te comas las flores… poca gente se puede hacer a la idea de las dificultades a las que me enfrento para cumplir con mi deber de crear el caos constante. Cierto que tengo un don natural para ello: hay gatos pacíficos y noblotes, los persas, por ejemplo, o los Bosque de Noruega, que se la ven y se las desean para inventarse travesuras.

Yo no. Yo he nacido con una brillante mente para desesperar a mi madre. Poseo ese tipo de visión cuatridimensional, es decir, la que además del alto, el ancho y el fondo contempla la acción del tiempo, y la empleo a mi favor. Entre los gatos es un secreto a voces el que mi nombre suena constantemente para los Nobeles de física felina. Además, soy pequeña, ágil y silenciosa. Para cuando la mirada humana ha querido captar algo, yo ya he tirado el jarrón, escondido las llaves o mordisqueado el ramo de rosas que acaba de entrar por la puerta. ¿Cómo? Ah, no es fácil. No es nada fácil. Huy, un reflejo… ¿Es un reflejo? ¿Qué es esto?

¿Qué es lo más complicado de mi trabajo? Sin duda, la necesidad de innovar constantemente. Las trastadas clásicas funcionan siempre, pero eso queda para las mentes limitadas. ¿Para qué arañar el sofá si se causa un daño infinitamente mayor en un descuido en el que me quede encerrada en el armario de los pantalones? ¿Dormir sobre la ropa planchada cuando puedo abrir el cajón con paciencia y una zarpita y esparcir todo el contenido recién lavado? Oh, una mota de polvo. ¡A por ella!

Perdón, les estaba contando… Innovación y escoger con cuidado el instante: estas maniobras deben llevarse a cabo en los momentos de mayor estrés humano. Si se ven por medio billetes de avión (mejor si son intercontinentales), hay que montar algo memorable. También deben  vigilarse las actas de exámenes, las revisiones médicas. A veces no me queda más remedio que improvisar cuando veo preparativos para un tinte de pelo, la restauración de un mueble o el cambio semestral de ropa de temporada. Si sabemos aprovechar la inercia, la travesura será memorable no solo por la faena causada, sino por el momento perfecto.

Y en caso de emergencia, no está de más una reacción rápida: aunque lo han popularizado los perros, un rollo de papel higiénico reducido a confeti y esparcido por todo el salón basta para cumplir un día en el que no ha aparecido ninguna idea brillante. Así, con la conciencia tranquila y el resto del tiempo para dedicarlo a la innovación podré continuar trabajando en la trastada definitiva.


Además…

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