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Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

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Pequeños trucos

Resulta que, a fin de cuentas, no era tan difícil venceros a los humanos. Al principio nos engañasteis. Nosotros, que llevamos mucho más tiempo que vosotros en la tierra, vimos extinguirse a los dinosaurios (claro, que entonces no éramos dulces gatitas, sino terribles tigres gigantes con dientes de sable), presenciamos cómo desarrollabais ese útil pulgar oponible y se os caía el pelo. Fuimos testigos también de cómo la lucha con nosotros se hacía más y más desigual, porque competíamos por las mismas presas (a veces vosotros érais nuestra presa) y éramos más hábiles y más fuertes, pero inventabais nuevas herramientas. En los cónclaves nocturnos de felinos nos preguntábamos ¿Cuál puede ser su punto débil? ¿Qué hacemos con estos simios parlantes?

Mientras tanto, los lobos se habían rendido, y habían iniciado el camino que les ha convertido en caniches, bulldogs franceses y chuchillos. Poco después cayeron los caballos, los cerdos, las ovejas. Se dejaron encerrar y someter. Algunos roedores también comenzaron a convivir con vosotros, todo sometidos a vuestra inteligencia y a vuestra civilización.

Y nosotros, ya transformados en gatos más o menos manejables, seguíamos preguntándonos en esas noches de reuniones y maullidos ¿Qué podemos inventar para conservar nuestra superioridad sobre los humanos?

No era tan difícil: a los humanos os encantan vuestras crías. Esas naricitas pequeñas, esos ojos grandes, esa piel de seda. No os podéis resistir, necesitáis acariciarlas, suspiráis, os derretís. De manera que eso es lo que hemos hecho: ampliamos nuestros ojazos, reducimos los hocicos, nuestro rostro es plano y redondo y nuestro aspecto, cada vez más achuchable. Eso ha sido todo. Salimos del bosque y del campo, llegamos a la puerta de vuestra casa, pusimos nuestra cara más adorable y nos dejasteis entrar.

A veces, cuando desde el mejor asiento del sofá, veo a mamá soltar sapos y culebras cuando descubre alguna de las… eh… invenciones de Rusia, entrecierro los ojos y espero con paciencia. Antes o después, más bien antes, Rusia aparecerá con su aspecto de pantera diminuta y sus ojitos de bebé loco. Y mamá comenzará a tartamudear, la cogerá en brazos, dirá dos frases incoherentes con diminutivos y ahí habrá acabado todo.

(Debo aclarar que mamá no suelta literalmente sapos y culebras por la boca. Eso sería incomodísimo para todos, y antihigiénico, y luego alguien tendría que cazar todas esas alimañas, y os aseguro que yo no iba a ser. Es una de esas metáforas humanas, como que os están llevando todos los demonios, o que habéis puesto la casa patas arriba, que las primeras veces conducen a la confusión y a cierto pánico).

Ahora sois siempre, siempre nuestra presa.


Además…

Un respiro
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Artista

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