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Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

Lady Macbeth

Sofisticación

Que los gatos somos seres sofisticados es una verdad casi tan universalmente aceptada como la primera frase de Orgullo y prejuicio. En realidad, esa capacidad no tiene que ver con qué hacemos, como con cómo lo hacemos. Tomemos, por ejemplo, mirar por la ventana. Un ser humano mira por una ventana y da la sensación de que está perdiendo el tiempo. ¿Qué hace ahí, pudiendo emplear su fuerza y su inteligencia en algo útil, como adorarme, o abrir una latita para mí? Un perro que mira por la ventana resulta casi insoportable por la cantidad de emociones mezcladas que transmite. ¿Pena? ¿Quiere estar ahí fuera, en el parque, con sus amigos? ¿Ansiedad por separación? ¿Aguarda a que llegue su amo, porque la ausencia le resulta casi insoportable?
Un gato, en cambio, se arrellana contra un cristal y genera un misterio. ¿Hay algo realmente ahí fuera, o estamos, como es nuestra costumbre, absortos en lo invisible? ¿Queremos cazar o, por el contrario, buscamos que el sol nos acaricie la piel, con los ojos reducidos a una rendija? ¿Será ese el mejor lugar de casa, ya que estoy yo en él? ¿Cuántas veces no me habría inmortalizado un artista si yo hubiera estado allí, en su estudio, su atelier o su mesa de trabajo? Una gatita junto a una ventana es el inicio de un soneto, el esbozo de una acuarela, o, en estos tiempos un poco más prosaicos, toda una serie de fotografías hasta que nos hartamos, lamemos una patita con esmero y nos vamos, y de pronto la ventana vuelve a ser un siempre hueco en la pared obstruido por un cristal, y nuestra ausencia revela que un casa, sin un gato, carece de lo más importante; el elemento de lo imprevisible, sin el cual la vida no tiene sentido, ni la sofisticación lo es realmente.
Un gato hace tanto por la elegancia del mundo que el tributo de esclavitud y sumisión que nos rinden la mayor parte de los humanos no es sino el pago justo por la belleza, la delicadeza y los pelos que soltamos. Por supuesto, muchos humanos no pueden ni vernos. Las estrellas somos así, nos aman o nos odian. Ya se arrepentirán del tiempo perdido en no rendirse a nuestros pies. No vamos a cometer el error de preocuparnos por ello, aunque a veces finjo estar un poco necesitada de más, si quiero emitir un destello de vulnerabilidad y delicadeza añadido. No, lo elegante es, precisamente, ese aire indiferente que adoptamos frente a la ventana. No traten de imitarnos: son siglos de práctica, milenios de sofisticación.

foto-gatito


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