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mujerHoy

Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

Ofelia

Desde lo alto

Es muy incómodo que tu interlocutor no te mire a los ojos, pero eso es lo que nos ocurre casi siempre con los humanos. Por una necesidad de adaptación de nuestra especie hemos tenido que reducir nuestra talla y somos ridículamente pequeños. Nadie querría en su casa un gatito del tamaño de un tigre de Bengala, de manera que los felinos mantenemos intacto el carácter selvático, pero en un formato de bolsillo.
Pero dar órdenes a un humano desde el nivel del suelo, además de restarnos dignidad, no resulta muy práctico: por eso, siempre que podemos, nos subimos a una estantería, a un mueble, a cualquier altillo donde les recordemos que, si queremos, nuestro pelaje puede erizarse, podemos rugir y que se tambalee la planta del rellano, y que tenemos unas uñas temibles.
– ¿Qué haces ahí, gatita? Baja, que te vas a hacer daño
-¿Gatita? ¿Me estás hablando a mí? ¿De verdad me estás hablando a mí?
Si yo hubiera estado allí, en la asamblea felina adaptativa en la que se decidió que nos convertiríamos en bolitas de pelo adorables y manejables, porque nos interesaba más vivir del ser humanos que comérnoslo, hubiera votado en contra. A veces sueño con cómo sería yo con mi tamaño original, el de una pantera con una mancha blanca en el pecho y ojos de agua verde. Fantaseo con latitas del tamaño de cubos de veinticinco litros, y no con esa ridiculez de doscientos gramos. Imagino que me basta con alzar un poco el lomo para imponerme, en lugar de tener que subirme al regazo de mi madre y amasar su falda y ronronear para que me haga caso y me obedezca de una vez
Siento un poco de nostalgia de ese pasado en el que fuimos grandes y poderosos. Bueno, solo añoro ser grande. Mi único consuelo es que nunca hemos dejado de ser poderosos.

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