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Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

Rusia, la gatita de Espido Freire

Nervios de acero

Para ser humana, mamá es bastante estable. No puede presumir de nuestros nervios de acero ni de nuestros reflejos felinos, pero la pobre hace todo lo que puede, si consideramos que tiene que caminar a dos patas, y con esa piel desnuda que la hace similar a una sphynx. Tampoco todos los gatos somos destructivas máquinas de agilidad y precisión afinadas a la perfección. Yo sí, claro, pero mi hermana Lady Macbeth, por ejemplo, a veces no cae de pie. Se cae a la humana, plof, a plomo, con todo el equipo, patas arriba. Ella dice que lo hace para no acomplejar a mamá y reforzar así los lazos de empatía y apego con ella, pero no engaña a nadie. Es una gata conejo con mutaciones humanas.
Hoy el frente está tranquilo. No veo demasiadas motas, no corre el viento por debajo de las rendijas de las puertas y aún no ha comenzado la temporada alta de suelta de pelo, que se iniciará en unas semanas. Recorro mis dominios con calma y en silencio, un poco agazapada entre las patas de las sillas, y de vez en cuando miro por encima de mi hombro, y permanezco unos segundos inmóvil, al acecho. Desde que las obras del piso inferior acabaron, el silencio del edificio es devastador. Demasiada tranquilidad, para mi gusto. La calma antes de la tempestad. La paz antes de la erupción. El silencio antes del ¡Rusia! ¿Qué estás haciendo?
Sí, mamá es bastante estable, y eso me obliga a esforzarme un poco más que otros gatos con humanos desequilibrados. En un movimiento inesperado me lanzo contra sus pies, cazo los flecos de su bolso, y me cruzo ante de ella. Si yo hubiera estado allí un momento antes, un momento después, no se hubiera tropezado. Pero como he calculado perfectamente, busca apoyo en la mesita, que se cae, y con ella, los libros, los dos jarroncitos de cerámica de Sargadelos, las flores (luego me encargaré de mordisquearlas) y un ratoncito de juguete que había encontrado por ahí. La bolsa del supermercado se abre y deja que rueden dos naranjas, que ya solo valen para zumo, y algo que suena a metálico y que espero que sean nuestras latitas. Sentada en el suelo, y con bastante mal humor, mamá berrea.
-¡Rusia! ¿Qué has hecho!
Por suerte, yo sí mantengo mis nervios de acero. Observo el escenario, calibro si el caos ha sido suficiente y corre escaleras arriba, donde me lamo la patita derecha. La erupción. La tempestad. Mi reino.

Galería Rusia


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