mujerHoy

Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

Ofelia

Palabras prohibidas

Durante mucho tiempo, mamá infravaloró nuestra inteligencia, y con toda tranquilidad anunciaba:
-Hay que llevar a las gatitas al veterinario.
Obviamente, de manera sutil (menos Rusia, cuyo concepto de sutilidad no se encuentra del todo elaborado) desaparecíamos. Por completo. Como si yo no hubiera estado allí jamás. Nos mimetizábamos con la ropa, nos plegábamos entre las toallas, aguardábamos durante horas en la oscuridad bajo un mueble hasta que se daba por vencida. Luego ya no decía las palabras prohibidas, al menos en voz alta, pero bajaba del altillo el transportín, la diabólica caja con rejas en la que nos sacaba de la paz del hogar para sumerginos en la caótica calle y luego en el infernal metro, y por fin, en la aterradora mesa metálica del veterinario. Cuando vio que reconocíamos el transportín, agudizó el ingenio y comenzó a engañarnos.
Ahora, mientras comemos de la manera más inocente alguna golosina rica nos levanta en volandas y antes de que podamos reaccionar nos encontramos en el interior de algo similar a un carrito de bebé impregnado con feromonas sintéticas. Medio atontada, pero decidida a demostrar mi disconformidad, lloro desesperada y araño la red que cubre la capota. Pero el recorrido sigue: la aterrada calle, el caótico metro y la infernal mesa metálica del veterinario. En alguna ocasión, un desconocido se acerca al carrito, y cree ver a un bebé. Cuando ve una gata con expresión desconsolada a veces se asusta, a veces muestra con claridad lo que opina de las mujeres que llevan gatitos en carros; yo no digo nada. Mi opinión sobre mi madre, en esos momentos, no suele ser precisamente halagüeña.
Me auscultan, me pesan (qué grosería), preguntan mi edad (oh), me sacan sangre, me pinchan. Miran con una luz en el interior de mis ojitos. Me inspeccionan los dientes. Avasallada y con un creciente sentimiento de humillación, me dejo hacer, porque si desencadenara mi poder y me defendiera la carnicería resultante no hablaría muy bien de mi especie, y estamos invirtiendo mucho tiempo y esfuerzo en integrarnos entre los humanos. Finalmente, la liberación. Regreso a casa, me cuelo bajo una cama, lamo mis heridas y mi orgullo herido. Mis hermanas me rodean y callan. Habrá tiempo. Habrá mucho tiempo para la venganza.

Ofelia


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