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Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

Rusia, la gata de Espido Freire

No

Por supuesto que podría pedir permiso antes de hacer las cosas; así ahorraría algunos problemas y muchas exclamaciones de sorpresa, y algunas broncas, pero ¿para qué preguntar nada cuando la respuesta va a ser no? Si hay que optar por algo, tomemos decididamente la senda de la acción.
– Mamá, ¿Puedo comerme las flores?
– No.
-Mamá, ¿me prestas tu falda nueva?

– No.

-Mamá, ¿puedo saltar por la ventana? Solo es un sexto piso.

-No.

Y así hasta el infinito. Nunca hacemos nada de lo que yo quiero. Si yo no hubiera estado allí, la vida en esta casa sería de un aburrimiento ejemplar. No se romperían jarrones ni vasos, los cuadernos no mostrarían bordes mordisqueados, la ropa no mostraría esos divertidos enganchones, y se comería siempre en el mismo lugar.

– Mamá, ¿puedo cazar monstruos invisibles?

– No

– Mamá, puedo saltar sobre ti a las tres de la mañana?

– No.

– ¿Y morderte el dedo gordo del pie?

– No.

Y así hasta el infinito. No sé lo que ocurre en otras casas, porque la que mantiene el contacto telepático con nuestra raza es Ofelia, y cuando comienza a contarlo me aburro y me marcho a brincar por el pasillo, pero estoy segura de que me ha tocado la peor de las casas de la peor de las ciudades del peor momento del mundo. Arena limpia, comida rica, agua abundante, y un rascador, y con eso se creen que ya no necesitamos nada más. ¿Y mis necesidades emocionales? ¿Es que nadie es capaz de ponerse en mi lugar, caminar sobre mis zarpas y romper esta cáscara de corrección en la que estoy encerrada?

-Mamá, ¿Puedo desconfigurarte el móvil?

-No.

-Mamá, puedo quedarme encerrada en el armario?

-No.

-Mamá, ¿puedo volar?

-No.

Y así hasta el infinito.

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