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Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

Ofelia, la gatita de Espido Freire

Primapelo

Hay quien se anuncia con un clarín de trompetas, y con una nube de pétalos de rosa que varios esclavos arrojan a su paso. Creo que en estos momentos los humanos no se mueven por el mundo así, pero los egipcios (unos seres civilizados que sabían reconocer nuestro puesto entre los dioses, y que tenían el sólido sentido común de adorarnos) sí lo hacían, y quizás me haya quedado un poco anclada en la nostalgia.
Y hay quien, como yo en estas fechas, se anuncia con una leve aura de pelos sueltos que me siguen a mi paso, y dejan testimonio de mi paso. Muchos pelos. El calor hace que soltemos la capa de vello que nos protege durante el invierno, y que lo hagamos de golpe. Ayer los suelos se encontraban impecables, hoy a mamá el pelo le llega por los tobillos.
– Pero -me pregunta, incrédula-, ¿cómo puedes soltar tanto, tanto…pfff? -y no sigue porque tiene que escupir el pelo que se le ha metido en la boca.
Bueno, es un don. Mis hermanas también son peludas, pero la que se lleva la palma soy yo. Un pelaje semilargo, negro, brillante, que intento dejar en todas las superficies claras para que mamá sepa dónde limpiar. Una camiseta blanca, las sábanas, el vestido nuevo de algodón, que es donde mejor se pega cada diminuto pelito… Es la época del año en la que los productores de rulos adhesivos se frotan las manos, temporada alta para los cepillos felinos y para quienes comercian con malta, una jarabe marrón espeso, muy dulce, que nos ayuda a eliminar el pelo y que tiene la ventaja añadida de ser pegajoso y oscuro, con lo que también queda muy bien sobre el vestido nuevo.
Aprovecho estos días para expresarme creativamente con toda la efusión que puedo, porque esta temporada gloriosa es muy breve. En un momento dado vomito más bolas de pelo de las convenientes, no doy abasto para acicalarme y pierdo mi bonito brillo negro. Entonces sé que se acerca el momento del baño, del que, como Cleopatra, saldré renovada y mucho más ligera, fresca y con un tercio de mi pelaje actual. El pelo desaparece, y mientras vacía el depósito del aspirador mamá repite.
– Pero cómo has podido soltar tanto, tanto… pffff.
Si yo he estado allí, ya no se nota. Me siento como una emperatriz romana a la que hayan privado de sus clarines. Me lamo una pata y me refriego contra el vestido nuevo. Con un poco de suerte, aún podré dejar mi huella un par de días más.

 

Ofelia
Además…

No

Palabras prohibidas

 

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