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mujerHoy

Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

Lady macbeth

Amor

Cartero, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Tres días ya sin verte, y languidezco sin ti. Las mañanas no son lo mismo sin que tus pasos suenen en el rellano y yo salte al suelo como una bolita de algodón manchada de rimmel para salir a tu encuentro. La puerta se abre, mamá coge un sobre que le tiendes y tú y yo, con la discreción propia de un amor imposible, nos miramos.
– Oh, está aquí -dices.
– Sí, sí, ya sabes que no falla -dice mamá, y yo la miro con cierto resentimiento. A lo mejor se cree que el cartero viene a verla a ella y todo.
– Qué bonita, qué suave, qué lista es -dices, y yo caracoleo con la espalda curvada, mientras tus manos me rozan la cabeza.- Guapa. Minina.
Y yo siento, sé, que vivo solo para ese instante, el breve momento en el que el mundo se detiene y tú y yo nos amamos, y el resto del universo desaparece porque todo lo invade el ronroneo y siento como si yo hubiera estado ahí, en ese limbo, toda mi vida.
– Pues aquí tienes -replica mamá, y le devuelve un documento firmado-. Hala, gatita, dile adiós.
– Adiós -dices tú, y mi corazón se desgarra. Me dirijo hacia la puerta y apuro los minutos hasta que el ascensor llega y te dirijo las miradas más conmovedoras posibles.
– Pobrecita, mira qué ojitos.
– Ni caso -afirma la despiadada de mi madre-, se lo hace a todos.
– Miau -susurro yo, como postrera despedida, porque sé que te irás, y ya todo resultará frío, y vacío, y los lobos aullarán allí fuera, y yo me apagaré poco a poco y…
Ah, suena el timbre.
Revisor del gas, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Un mes ya sin verte, y…

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