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Si yo hubiera estado allí

El blog de Espido Freire

Rusia

Cosita

Los gatos somos terriblemente competitivos. Competimos con otros gatos, competimos con el tiempo, con la ley de la gravedad y con…
¿De qué estaba hablando? Se me ha cruzado un mensaje de la gata del edificio de enfrente, la persa relamida del quinto que se pasa el día contándonos lo bien que la tratan en su casa, y lo mona que es su madre. De todas las conversaciones que mantenemos con los gatos del país, creo que las de Luna son las que más me desesperan. ¿Qué se cree esa bola de pelo con pedigrí?
A veces me quedo mirando a mi madre con impaciencia, a la espera de que haga algo de lo que yo pueda alardear con otros gatos. Vamos, muévete, le digo, y le mordisqueo un poco los dedos de los pies para empujarla a la acción. Pero ella grita, se queja, y no me hace ni caso. Y así no hay quien compita, y menos aún quien gane.
A los otros gatos no les impresiona en absoluto que sea escritora. Menuda novedad, dicen, como todos. Ahora cualquiera escribe un libro. Tampoco les da ni frío ni calor el que nos improvise juguetitos con cartones y con cuerdas, con los que se esfuerza mucho. Nosotras la observamos con todo cuidado, supervisamos que no se deje nada, y luego no tocamos el juguete que con tanto esmero nos ha dejado en el suelo, no vaya a ser que lo rompamos. Ni que nos invente apodos cariñosos y un poco ridículos, en los que exagera tanto los diminutivos que nos entra un poco de vergüenza ajena. Al parecer, todos los humanos hacen algo parecido en sus casas, más a menudo y mejor que la nuestra, cepillan a sus gatos con guantes suavísimos, les preparan cojines de raso para que duerman, vuelcan en boles plateados ricas latitas con gelatina tambaleante…
En fin: comparada con otros, nuestra madre es un pequeño desastre. Me levanta la voz si le tiro la grapadora, no siempre saluda cuando entra en una habitación y se empeña en ocupar un sitio en el sofá, como si yo no hubiera estado allí antes y el sofá fuera mío. Y el sillón. Y la cama.
Pero con todos sus defectos, yo la quiero. Qué le vamos a hacer, se esfuerza, es una cosita tierna. No da más de sí. Se les coge cariño, no lo voy a negar. Ya se me ocurrirá algo que contarte a Luna, la del quinto., algo que le haga quedar bien a esta pobre humana limitadita. Yo solo compito para ganar.

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