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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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Mi realidad es ficción

Por mucho que digamos la frase, “no me da la vida, no me da la vida”, la realidad es que siempre nos da y me atrevo a asegurar que uno de los secretos para llegar a todas las bolas que nos tira el lanza-pelotas invisible del tiempo es el sentido del humor. Por desgracia, para que me dé la vida, no puedo permitirme grandes evasiones, así que me he convertido yo en mi propia humorista.

Hago risas con todo el mundo: las cajeras del super, las dependientas de los grandes almacenes, y he descubierto que casi todo el mundo, si le dejan, es genial improvisando. Ayer, mismamente, acababa de dejar a los hijos en el cole y de camino a casa vi un hueco a la puerta de la farmacia. Claro, me lancé a por él, que ya tocaba recoger las medicinas del asma del pequeño y una de las farmacéuticas me dijo:

-Oye, que no sabía que eras escritora. Que el otro día te vi en la televisión y me quedé alucinada. Me enteré de todo: que tienes dos hijos pequeños, que eres viuda, que escribes novelas… Pero yo pensaba: “a ver si no es ella”, pero entonces pusieron tu nombre y dije: “pues sí que es”.

-Huy, pues no, no. -reí divertida -Esa que viste no soy yo… esa que viste es mi ficción.

-Jajaja. Eres la monda.

-La Lea Vélez que salió en la tele toda maquillada y que hablaba tanto, no existiría de no ser por mí, la madre despeluchada que veis por las mañanas, con el moño deshecho y la ropa de faena. Esta de ahora, que no disimula los michelines, es la que le hace todo el trabajo sucio a la escritora.

-Ay, ay, cómo eres…

-La escritora solo pasa a máquina todo esto que me sucede a mí al cabo del día, y que voy echando como a un saco, porque esta es mi vida real: madre de dos, que siempre va parando en farmacias o tiendas o supermercados o extraescolares, haciendo la gynkana de recados, trabajos y deberes. Lo otro, lo de la escritura y la televisión y esas cosas divinas, son como… como pasar a limpio la realidad.

Ambas farmacéuticas se echaron a reír.

-No, mujer, tu profesión será la vida real. Esto no puede ser la realidad, ¡qué depresión!

-En absoluto. Tenemos que disfrutar todos los minutos de la vida. Yo, como tantas madres, cada día salgo a la guerra contra el reloj y vuelvo a casa ganando y sintiendo que cada minuto prosaico, de tareas supuestamente anodinas, cuenta tanto como una hora de escritura. Mira: recoger unas pastillas, es el contexto, pero tener este diálogo y estas risas… ¡esto sí que es escribir!


Además…

¿Sí me da la vida?

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