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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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El punto de partida

Al salir del colegio, madres y padres del universo se lanzan a las carreteras, las paradas de autobús, las callejuelas del centro o del extrarradio, para llevar a sus hijos a clase de música. Yo lo intenté, y a pesar de que toco la guitarra con la pasión del autodidacta, canto cuanto puedo y pongo música a todas horas, no pude soportar la presión de llegar a tiempo, de los kilómetros añadidos y del aburrimiento que las típicas extraescolares de academia despertaban en mis hijos. Un día, en nuestro largo periplo desde Aravaca hasta la academia de música, que estaba a tomar por saco en Las Rozas, los niños iniciaron una de sus mágicas conversaciones.

-Mamá, ¿para qué escuchamos música?

-¿No te gusta lo que está sonando?

-Sí, no está mal, aunque prefiero ‘Everything is broken’, de Bob Dylan, que es mi canción favorita. Pero lo que quiero saber es por qué. ¿Por qué escuchamos música?

-Te puedo dar la respuesta corta o la larga.

-¿Son diferentes?

-La corta: porque disfrutamos. No nos paramos a pensar en por qué disfrutamos, pero disfrutamos. La larga, porque la música es el mejor pasaje al pasado. Mucho mejor que la magdalena de Proust.

-¿Qué magdalena es esa?

-Una de un escritor francés que desayunaba y el sabor le llevó a recordar su infancia… pero no nos desviemos del tema. La música nos lleva directos a todos los momentos felices y convierte en futuros recuerdos indelebles los momentos como este. Pero hay más.

-Empieza a ser muy larga esta respuesta. 

-Jajaja. Calla. La música es nuestra forma de escuchar a los antepasados. Ellos nos hablan con la música, despertando emociones ancestrales. Los que vivieron antes que nosotros nos hablan directamente al interior, a un lugar del cerebro al que no se puede llegar de ninguna otra manera. ¿Entiendes?

-No mucho.

-Ya. Cuando seas mayor y escuches esta música tampoco lo entenderás, pero lo sentirás y hablaremos tú y yo aunque yo ya no esté.

Tomó el relevo en nuestra charla, el hijo pequeño, de 8 años, que siempre logra desviar la conversación hacia su pasión constante: la anatomía.

-Mamá… ¿Cuál es el camino más rápido para llegar al cerebro?

-Pues… yo creo que los ojos… o los oídos. Mmmm… o el olfato. Uno de los tres. Para llegar al cerebro de una forma física, seguramente el camino más rápido es a través del tímpano. Para llegar emocionalmente a la mente, yo diría que el camino más rápido es con la belleza, con la música… pero sobre todo, con la voz humana. Sí, probablemente, el camino más rápido para llegar al cerebro sea la voz humana.

-Yo creo que el camino más rápido del corazón al cerebro es subiendo por una arteria, llegando al cuello y hacia arriba.

-Ah, perdona, cielo -le dije yo. -No sabía que partíamos del corazón.

-Claro, mami. Creí que estaba claro. El punto de partida siempre es el corazón.

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