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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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Cumpleaños comercial

Al principio de su vida escolar, comienzan también los cumpleaños. Cuando eres madre primeriza, crees que hay que apuntar a tus hijos a todos los cumples, para que no se sientan excluidos, para que no se queden fuera, pero llega un día en que te prometes que nunca más, que la tortura ha terminado. Recuerdo bien ese día, o mejor dicho, el lugar en el que dije: basta. Fue uno de esos lugares que viven de “monetizar” -uso la palabreja “monetizar” con toda la intención- a los niños.

Era un local enorme de centro comercial sin ventanas, montado para recaudar dinero en el dudoso arte de celebrar de cumpleaños. Un sitio cerrado, lleno de toboganes y corredores y niños gritando cual jaurías drogadas por la adrenalina y el refresco de cola azucarado y la azucarada merienda de “pizza/perrito o hamburguesa” a 20 euros por cabeza, que acaba, en el peor de los casos: vomitada y en el mejor de los casos, por el suelo.

En esta franquicia dantesca, se celebran cinco cumpleaños a la vez, con sus consiguientes múltiplos de 22 auros por cabeza, donde monitores que no monitorizan, los pobres, mueren de pie, lentamente, lobotomizados por el ruido, odiando cada segundo de su vida laboral, cual guardianes mal pagados del averno, que anuncian por megafonía de forma constante las salidas y recogidas de los niños como sí aquello fuera el Aeropuerto Pesadilla. “Cumpleaños de Adrián González, pasen por mostrador” “Cumpleaños de Marina Pérez, a taquilla” “Cumpleaños de Pedro García, a zona de meriendas”.

La megafonía se mezcla con la música a todo volumen que trata de ahogar los gritos infantiles como la colonia barata el olor a sobaco. Este sitio tan guay se llama “El mundo de la magia” y la primera vez no encuentras la puñetera puerta porque está camuflada por una pared de césped artificial. Una se vuelve loca tratando de entrar y al fin le pregunta a una madre sentada en la acera, con gesto de vivir al borde del suicidio, qué sésamo hay que pronunciar. Ella te mira como si fueras idiota y te dice: empujas la pared y entras en el mundo de la magia. Y es verdad, solo que es todo lo contrario.

La pared abre a un lugar que en nada se parece a Narnia, no hay allí ni un solo unicornio, ni flores exóticas o magos con sombrero, porque el nombre del sitio es lo contrario a la maravilla. Una vez piqué y llevé al mayor a un cumpleaños allí, hoy le dije al pequeño que a ese cumpleaños lo siento, pero no. Dame una casa cualquiera, con una familia cualquiera y una merendola de fantas y medias-noches, dame naturalidad, que es el único lugar, para mí, donde puede crearse la magia del amor, de los recuerdos y de la amistad.


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