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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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Queremos conciliar

Cuando tuve a mis hijos tuve que aparcar un tiempo mi carrera porque coincidió con el cáncer de mi marido y su muerte. Me quedé viuda con un niño de cuatro años y otro de dos. Después, me llamaron para varios trabajos, que pude hacer desde casa. Un día me ofrecieron una serie importante como guionista, pero debía ir a una oficina a trabajar.

Les expliqué a los productores que solo podía coger el trabajo si era de 9:00 a 15:00 0 de 10:00 a 16:00. Me dijeron que sí, que no me preocupase, que entendían mi situación, pero la realidad acabó pronto con mis ilusiones de poder conciliar. La realidad fue que aunque yo me marchaba a las 15:00, para poder dedicarle la tarde a dos niños sin padre, ellos trabajaban hasta las 20:00 y cuando les venía bien, ponían reuniones por la tarde sin caer en la cuenta de que yo no podía asistir.

Cuando se lo hice ver, me excusaron de ir a las reuniones, amables y conciliadores. Pero eso no es conciliar. Por supuesto, yo me sentía fatal por no poder ir a tomar las decisiones sobre la serie con los compañeros. Aquel horario solo habría funcionado si todos hubiéramos jugado con las mismas reglas. Decidí que si no podía ser perfecta en mi trabajo y estar tan implicada como el que más, no podía ser feliz en el puesto y mucho menos, hacerme valer.

Dejé todos los trabajos que no pudiera hacer desde casa o que requirieran de un horario, lo cual fue un enorme descalabro económico. Este sacrificio está lleno de amor y también de terror. Sobre todo, porque nadie sabe cómo va a resultar para los niños, si merecen la pena los sacrificios económicos de dejar trabajos por estar con ellos y luego resulta que ellos te van a ver solo como “madre estupenda” y no como una brillante profesional que les ha dado el ejemplo de profesional moderna que tanto buscamos dar las mujeres. La culpa hace estas cábalas.

No existe ni las fórmulas ni las respuestas, ya, y, por eso, las mujeres tendemos a hacer eso que hicieron con nosotros, si es que funcionó, o lo contrario de aquello que nos tuvo frustradas, que nos duele aún, para no cometer errores conocidos con los hijos. Al final, el instinto es el que vence, al que debemos seguir, yo creo, porque no hay otro mapa para acertar con los hijos que la brújula interior. De hecho, creo que con amor siempre se acierta, por muy ocupados que estemos en el trabajo. Y este acertar con el amor, mantengo, estoy segura, de que es beneficioso para la sociedad en su conjunto. Pero la sociedad no nos está pagando con la misma moneda. La sociedad no nos devuelve todo este amor.

Yo habría querido ser las dos cosas. Habría querido ser la mejor en mi profesión: el guion de televisión, la literatura, y mantenerme en lo más alto de la cúspide, sin que nadie tuviera que excusarme de las reuniones por ser madre, pero también quise tener hijos y como no pude con la dos cosas, escogí el amor. No sé por qué hay tanta gente que me dice que me admira, porque la realidad es que no puedo con las dos cosas.

No puedo ser madre y vivir feliz en una sociedad de horarios inoperantes, que encima me pide eficacia y lealtad. No puedo con todo y creo que no es cierto que otras mujeres puedan sin estar frustradas. Creo que la sociedad quiere creer que sí que podemos para no sentir que nos está despreciando, matando o explotando. Creo que ya es hora de que las mujeres digamos que no podemos con todo. Creo que ya es hora de que los hombres sean conscientes de ello y cambien las reglas del juego. Creo que ya está bien. Creo que debemos salir a la calle, a las redes y a donde sea, a decir que queremos conciliar, pero no como una esperanza, sino como un derecho social.


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