*

mujerHoy

Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

jardin-vida

La vida sabe vivir

La pasada primavera caminaba por el jardín, recogiendo, limpiando la piscina, comiendo fresas y cerezas y nísperos. Vi caracoles apareándose, gatos dormidos y vi a mi vecina a través de la hiedra, que a veces me parece un animal exótico más.
-Buenos días, Rosa.
-Hola, buenos días. Aquí estoy, entre los matojos, buscando a la pintada que se ha escapado del corral y la quiero volver a meter. Qué pesada es.

Aclaro que la gallina pintada -que ya no se encuentra entre los vivos- era el ser más ruidoso del mundo, enviada por Lucifer a mi pequeño paraíso.
-Sí, me temo que es un pájaro infeliz y maquiavélico -le dije.
-Es que encima se come los huevos de las otras gallinas.
-Menuda zorra, entonces…
-Sí. Jajaja.
-Es la pintada feroz.
-Le retorcería el pescuezo, pero total, no me la voy a poder comer…
-No, solo debemos retorcer el pescuezo de aquellas personas que nos vayamos a comer.
-Jajajaja. Voy a seguir buscando. 
-Feliz cacería.

Todo, mi vecina, los nísperos, las gallinas infelices, son señales literarias y sobre todo, metáforas. Todo, para mí, es una metáfora. Las metáforas son nuestra mejor invención porque no las hemos inventado, las percibimos con el instinto. Una metáfora es un resumen magistral. Miro el jardín, pienso en educación, en la sociedad, en mis hijos y hago metáfora porque creo que salvando las distancias, la vida en sociedad es un jardín y más cuando llega la primavera.

Mi jardín es una jungla controlada. Aquí se poda de cuando en cuando, se corta el césped todas las semanas y así, pero mi teoría como jardinera es dejar que la naturaleza sea su propia jefa, porque es imposible que yo sepa más que varios millones de años de evolución.

Tengo árboles frutales con frutas que comerán los mirlos y las urracas, tengo trepadoras a las que dejo trepar enloquecidamente (como la wisteria, que se está subiendo al pino), tengo interés por ver qué les gusta hacer a las plantas cuando las dejo en libertad. Los gatos ya no me molestan, sobre todo porque les he dado distancia de observadora, al ver que Thoreau y a Emerson -los gatos silvestres que entran en mi mundo huyendo de la gallina pintada y sus graznidos- son listos y resueltos y saben obedecer fenomenal si no se les marcan demasiadas normas.

Este año, Thoreau, el más valiente, ha resultado ser gata y ayer miraba con orgullo a un gatito gris de no más de dos o tres semanas, su cría. El bebé gatuno jugaba con una ramita y pensé en mis hijos. La gata montaba guardia mientras lo dejaba a su aire en mitad del césped, vigilándolo, pero dejándolo solo. Yo los miré sin acercarme, a través de la ventana, y pensé: esto es criar. No hay que hacer nada más que escuchar al instinto.

Están bien, están alimentados, están felices… porque este jardín es un ecosistema y criar solo es, en gran medida, cuidar y observar.

Pronto será primavera. Hace un instante, he visto la salamanquesa más gorda del mundo metiéndose por una persiana al refugio del calor. La vida sabe vivir, mientras la dejemos en paz.


Además…

Democracia escolar
Reinventar el rol
Mis hijos son mis iguales

 

|

Comentarios