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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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Una buena “mala influencia”

Mis hijos me dan lecciones todos los días. Unas veces de ciencia y otras muchas, de convivencia. La ultima bofetada moral, fue del mayor. Él tiene un mejor amigo en el colegio con quien lo comparte todo. Ambos chicos se adoran, aunque también compiten despiadadamente por sacar la mejor nota, por vencer al otro en chistes, chascarrillos y observaciones, en una escalada -a veces un tanto peligrosa- de talentos. Digo peligrosa, porque, en alguna ocasión, la cosa ha terminado en lágrimas o en garrotazo frustrado, cuando uno ha entregado los deberes antes que el otro, o el otro ha sacado mejor nota en un trabajo. Ante estos comportamientos tan, tan competitivos, a veces las madres y los profesores, nos preocupamos y decidimos observar, tomar partido, prestar atención, interviniendo, incluso, si vemos que la cosa se desmanda y como en todas las intervenciones, hay que ir con sumo cuidado.

El otro día, el hijo de 10 años, le habló a su hermano de una forma un poco bestia y le dije, algo llevada por el enfado: “Oye, no le hables a tu hermano como te habla tu amigo a ti cuando te trata mal”. El niño, que no da puntada sin hilo, me respondió:

-¿Acaso dices que mi amigo es una mala influencia?

-Bueno, en esto, sí.

-Es curioso que digas que mis amigos son una mala influencia, porque justamente, sus madres dicen lo mismo de mí.

Me quedé cortadísima.

-Hijo, eres único dando jaque a la inteligencia.

-Mis amigos dicen que me dejas tener el ipad cuando quiero, que me permites ver películas de mayores, que me permites jugar a videojuegos violentos… y que todo eso está mal. ¿Así que… quién es la mala influencia?

Se me pasó el cabreo de inmediato, primero por la nobleza que demostraba al defender a su amigo, segundo por la perspicacia de la observación. Analicé la situación, sopesando la justicia o injusticia de lo que decía el niño. Me quedé pensativa, juzgando si mi forma de educar es demasiado liberal, hasta que entendí que sí, que lo es por comparación con otros hogares, pero esto no significa que sea mala. Me paré a pensar en todo lo bueno que otras formas de ver la vida aportan a mi manera de educar a los hijos y viceversa y llegué a la conclusión de que ahí, justamente, está la riqueza de la vida en sociedad.

-Mira, hijo, has dado en el clavo. Qué frase tan desafortunada he usado con lo de la mala influencia. No hay buena o mala influencia aquí, lo que hay es gente distinta, que educa de forma diferente.

-¿Y quién educa mejor?

-Nadie. No es una competición, cariño. A veces los padres nos pensamos que lo es, caemos en una especie de guerra contra los demás, precisamente porque nos agobia estarnos equivocando, o ir contra corriente, o ser demasiado duros o demasiado blandos… cuando lo que hacen los demás es necesario que sea diferente para suavizarnos los contornos y controlar que no nos pasemos ni de permisivos ni de estrictos. Vosotros traéis y lleváis el mensaje de lo que es aceptable, de los límites necesarios y gracias a lo que los hijos nos piden, nos exigen y nos cuentan, mejoramos en esto de dar en el clavo. Mi forma de educar, tan permisiva, no es mejor, ni tampoco es mala, pues yo te permito aquello que sé que puedo controlar personalmente y aunque no lo parezca, hay una disciplina.

-¿Entonces, no es malo que yo vea cosas en el Ipad cuando quiera?

-Es que si te fijas, verás que no es cuando quieres. ¿Te dejo estar con el Ipad en la mesa? ¿En el coche? ¿Mientras haces los deberes? ¿te dejo ver películas la semana que tienes exámenes? No. Hay una disciplina, es solo que tú estás tan acostumbrado a ella, que ya no la ves. Mira, cuando uso premios, tengo un sistema, cuando os permito ir a casa de un amigo, tengo un sistema. Otros padres, usarán otros sistemas, y estarán bien también, si lo hacen manteniendo su coherencia y sus convicciones. Una educación no es buena o mala sobre el papel, porque a la hora de aplicar la teoría, cuentan muchos factores. Por ejemplo, el hecho de que yo os deje ver determinadas cosas. Lo hago porque me dedico al cine y a la televisión y sé cosas que igual otros padres no saben, estoy mucho tiempo en casa y siempre estoy pendiente de saber lo que veis y de lo que estáis haciendo. Otros padres, a lo mejor, tienen unos horarios draconianos y han adoptado un sistema más censor para poder controlar que los hijos no caigan en los peligros de las redes, por ejemplo. Todo lo que es de una manera en un hogar, suele tener detrás un motivo práctico, más que moral.

-Ah, entiendo.

-Mira, me haces darme cuenta de que a estas edades vuestras, no hay malas influencias, no. Hay, simplemente, la influencia mutua necesaria para enriqueceros unos a otros. Tú recibes un ejemplo de esfuerzo, trabajo y superación al mirarte en tu amigo y él está teniendo un ejemplo de pensamiento paralelo, un cierto caos y diversión, que son también elementos bastante necesarios para no tomarse la vida demasiado en serio. No, entre vosotros no hay “malas influencias”, hay las influencias necesarias para forjar, cada uno, su propia personalidad.


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