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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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Las fuentes de la historia

Ayer, el hijo de 9 años empezaba a preparar su examen de Ciencias Sociales. Como siempre, lo que nos toca a los padres para ayudar a los hijos, es un árido libro de texto donde se desglosa y se trocea el tema. Si hay suerte, y la cosa va de los griegos, o de los romanos, podemos entrar en internet, buscar leyendas, anécdotas, monumentos, y vestir de imágenes y aventuras la aridez del texto.

En esta ocasión, el tema era aburridísimo. Se titulaba La Historia. Como suele ocurrir, no hay historia ninguna en un lección titulada La Historia, sino esquemas abstractos que enumeran cosas como qué es el presente, el pasado y el futuro o que la historia nos la relatan los historiadores y los arqueólogos. Cosas de ese cariz.

A unos niños que llevan ya varios años estudiando sobre los griegos, los romanos o la era Tudor, ahora les explican y les examinan de “qué es la historia”, menospreciando su intelecto y su cultura general y evidenciando lo atrás que se han quedado todos los temas académicos de la enseñanza primaria tras la revolución de la información que hemos vivido en el siglo XXI.

Mis hijos, y sus compañeros ya llegan al colegio con unos enormes conocimientos adquiridos, porque son niños, son muy pequeños aún, pero viven entre documentales, vídeos de youtube, películas y series que los llenan, sin que nos demos cuenta, de ejemplos sobre el paso del tiempo o sobre historiadores y arqueólogos. La serie de películas de La momia o de Indiana Jones, son solo unos ejemplos. En cuanto al pasado, al presente y al futuro, son los niños los que más claro lo tienen y cualquier padre puede estar tranquilo de que si con 9 años ven Regreso al futuro o Matrix, serán ellos los que nos explicarán todo lo que se nos pueda pasar por alto a nosotros.

Por supuesto, el tema del libro de texto, además de quedarse obsoleto, no profundiza en los asuntos que a los niños les apasionan, como de costumbre, y se queda en el esquema árido que nos toca a los padres desentrañar. De la forma más resumida posible, el texto hace una mezcolanza entre las fuentes de la historia personal y las fuentes de la Historia con mayúsculas, y sin aclarar demasiado a qué se refiere el ejercicio que los niños deben escribir, si a una o a otra, se les pide que den un ejemplo de cuatro fuentes de la historia:


-Una Escrita


-una Oral


-una Gráfica


-un Objeto

 

El de 9 se queda parado, mirando esas palabras abstractas sin imágenes o pasado. Levanta la vista y me mira como si fuera chino. Yo, como siempre, me dispongo a ilustrarle lo árido, a llenar de ejemplos el esquema, a ser su profesora de extraescolar, más que una madre que hace deberes con su hijo. Le digo:

Estos son los nombres genéricos de todas las cosas que usamos para reconstruir una historia del pasado. La Historia con mayúsculas, es una acumulación de millones de historias personales. Gracias a lo que encontramos, a los vestigios, a lo que queda de los que vivieron antes que nosotros, podemos reconstruir su época y sus problemas, sus intereses y su forma de vivir.

Yo escribí un libro en el que hablaba sobre tu padre cuando era niño, en el año 1957, y sobre su hermano Stephen, que murió cuando tenía sólo 10 años, y sobre tu abuela inglesa. Ella se llamaba Connie y yo no la conocí en persona, pero pude viajar al pasado, a ver cómo vivía y pensaba, porque es que además de las fotos (elementos gráficos), yo tenía las cartas (fuentes escritas) que ella le escribía a su hijo al hospital y las cartas que Stephen, a punto de morir, le escribió a ella. También tengo las historias que me contaba tu padre (fuentes orales) y un platito de papier-maché que Stephen hizo en el hospital (un objeto). Ella vivió en un tiempo pasado y yo no la conocí, pero escribí un libro con todo esto que se titula El jardín de la memoria.

-Ojalá en sociales nos contaran historias como esta.

-Con lo fácil que sería organizarlo, ¿verdad?


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