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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

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Yo no soy padre y madre

“Soy padre y madre” es una frase que escucho mucho de boca de madres o padres monoparentales. Me parece bien que lo digan, comprendo su significado, pues yo soy madre monoparental pero hay algo en esa frase que me rechina.

Ayer, viendo una película muy ñoña, llamada “The Holiday”, en la que un viudo guapérrimo -Jude Law- con dos niñas pequeñas se enamora de Cameron Díaz, volví a escuchar la frase de sus labios: “soy padre y madre, vivo entre tutús y cajas de costura, conversaciones infantiles y deberes escolares”. Me dio por reflexionar y comprendí que yo jamás he dicho semejante frase. Quizá, porque, aunque pretendo ser poco literal, en este caso, la literalidad me ha vencido.

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Ser padre y madre parece indicar que hay una diferencia en los roles, en los sexos, a la hora de educar. Parece querer decir que un hombre entre tutús es algo rocambolesco, cuando lo natural, es que sea la madre la que entienda de “cosas de chicas” y que un hombre solo lo hace porque no le queda más remedio, para suplir el rol de la que se ha muerto. Y la verdad, aunque me moleste, aunque sea absurdo, esto, en muchísimas familias, es tristemente cierto. Ellas cosen y ellos ven el fútbol, ellas pintan y ellos le dan al balón.

Por muy moderna que fuera mi relación con mi marido, la verdad de la buena es que, si mis hijos tuvieran padre, se habrían criado con el fútbol a todo trapo los fines de semana, entre taladros y herramientas, mezclando cemento y viendo películas de comanches. Como solo me tienen a mí, no saben ni quién es Ronaldo, lo que no los ayuda precisamente a integrarse en el patio escolar. Vale que yo no sé coser ni hacer cosas “de mujeres”, pero es cierto que el cliché de los sexos va más allá del cliché. Por otra parte, que tengan madre, no los convierte en los orgullosos poseedores de los mejores disfraces del colegio, ni en los más relimpios, ni en los que llevan los uniformes mejor planchados. Solo los convierte en niños que, desgraciadamente, carecen de uno de los dos referentes habituales, un referente que, por identidad instintiva, echan sin duda, mucho de menos.

No, no soy padre y madre. Como mucho, soy el poli bueno y el poli malo. Soy una madre muy completa, con recursos, con ingenio, pero solo una. No llego a todo, qué más quisiera, y muchas de las cosas que se dan por hecho en las familias con dos adultos, han tenido que ser eliminadas de la mía.  Por otra parte, menos mal que no me piden tutús, porque ser mujer no me convierte en una experta en telas, ni en tonos de rosa -color que odio- y sin duda, sé mucho más de fútbol, tenis y herramientas, que de pespuntes o máquinas de coser. A veces la gente me dice: qué duro, ser “padre y madre” y algo en mí se contrae, porque la frase me cae muy mal. Aunque no replico, siempre pienso: “no, lo duro aquí no es ser padre y madre. Yo no soy dos. Lo duro aquí es, precisamente, que yo solo puedo ser yo”.


Además…

Tarde de padres
Nuestro matriarcado
El día del padre pasado

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