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Sí nos da la vida

El blog de Lea Vélez

A photo shows kawazu-zakura cherry blossoms illuminated by afternoon sun.

Compitiendo por la luz

Mi hijo de 10 años me pregunta:

-Mamá, imagínate que cogemos una planta, la aislamos de las plagas, de las enfermedades. Ponemos máquinas alrededor que le dan exactamente el agua que necesita, la luz que necesita, todos los nutrientes a la perfección. ¿Crees que podría convertirse en la mejor planta del mundo?

-Pues es una pregunta excelente. En teoría, así debería ser, pero no estoy segura de que esto sea cierto.

-¿Por qué?

-Porque la naturaleza es competencia. La lucha por la vida nos hace mejorar, crecer, superarnos. Mira, por ejemplo, ¿ves ese rincón de nuestro jardín?

-Sí. ¿Ese grupo de árboles tan altos?

-Esos. Verás. Antes había ahí uno solo. Un pequeño abeto que no parecía tener un interés especial en crecer. Por casualidad o por error, planté un olivo y un almendro y muy pronto, descubrí que empezaban a torcerse un poco y a pegar sus ramas y a querer crecer unos más que otros. Competían por la luz y en su competencia, crecían, o trataban de crecer más que el vecino. Era como cuando tienes gente delante y te pones de puntillas para ver algo que está sucediendo, solo que ellos lograban crecer más rápido.

-Ah, ya entiendo. Eso es genial. Tú lo que dices es que al competir por la luz, se esfuerzan por ser unos mejores que otros y si yo pongo una planta aislada de la naturaleza, superprotegida de todo, a lo mejor, no tiene ese instinto por competir y se queda estancada.

-Eso digo, exacto. También digo que las plantas sienten soledad.

-Mamá, las plantas no tienen sentimientos.

-No, no tienen sentimientos como los humanos, pero tienen química, enzimas, reacciones a la luz, a la oscuridad, al viento, a la humedad excesiva, al calor sofocante. Los humanos no decidimos nuestros sentimientos. No decidimos sentir amor o sentir miedo. Sentimos gracias a la química. La tristeza, la depresión, la risa, producen y son producidas por endorfinas y hormonas que producen reacciones químicas complejas. Como ves, aunque no podemos hablar de que tengan sentimientos, las plantas se nos parecen terriblemente, porque se organizan en su entorno y forman una suerte de sociedad. Son más dependientes unas de otras de lo que nos creemos. Incluso se comunican a través de las raíces pasándose nutrientes.

-¡Hala! ¡Son geniales! Yo nunca lo había pensado así, pero realmente es cierto, todo es química, vida y genética.

-Y sociedad. Que es la competencia por tener un hueco frente a la luz. Yo me pregunto si tu planta hipotética, cuidada por máquinas, en total soledad y perfección no acabaría marchitándose, o como mínimo, siendo completamente ordinaria. Mira, ¿Sabes lo que dice siempre la abuela? Que cuando ella era pequeña, cogía del árbol de su jardín las manzanas con cicatrices. Decía que eran las más feas pero las más dulces.

-¿Y es verdad?

-Pues creo que sí. Ella me contaba que las manzanas que han tenido una herida provocada por un pájaro o el roce de una rama pero que han cicatrizado y no se han echado a perder, producen más azúcar y otros elementos químicos para cicatrizar su herida y que por eso, aunque en apariencia son imperfectas, por dentro son mucho mejores. Me parece que lo mismo, exactamente, ocurre con las personas. La competencia, los roces, los errores, las enfermedades, lo que en apariencia es negativo, nos convierte en seres más fuertes, más felices, más sabios, más duros y, sobre todo, más reflexivos, como tú.

 


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