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El blog de Stefanie Milla

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Kim Kardashian, ¡cuánto daño has hecho con el contouring!

No, no y no: lo que queda bien en Instagram no siempre es igual de favorecedor en la vida real, y el contouring es un claro ejemplo de ello.

No cabe duda de que lo que hace Kim Kardashian arrasa. Y se imita. Y se copia. Para gran alegría de las firmas de cosmética, por cierto, que han visto como las hermanas Kardashian y sus varias capas de maquillaje por centímetro cuadrado de piel han vuelto a poner de moda los looks muy trabajados y con mucho color.

Porque, claro, los looks nude son fáciles, bonitos, agradables… pero para vender, lo que se dice para vender, no sirven demasiado. Así que el universo de la cosmética ha acogido con alegría y alborozo esa exuberancia y generosidad a la hora de arreglarse que, sin duda, ha estimulado el mercado y ha animado las ventas.

Sobre todo, hay una técnica que ha subido como la espuma, un ascenso que se puede agradecer casi en exclusiva a la famosa Kim: el contouring. Es decir: realizar un trampantojo facial mediante maquillaje. El secreto es aplicar un tono más oscuro que la piel en las zonas que se quieren “retraer” ópticamente e iluminar con un tono más claro las áreas a las que se quiere dar volumen para resaltarlas.

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Kim Kardashian, la reina del contouring

¿La verdad? Esa técnica es tan antigua como el color. Los maquilladores siempre la han realizado, aunque no la llamaran así. Es cierto que no usaban un producto ad hoc para ello (ahora han surgido como la espuma y los hay de todas las formas, texturas, tipos y colores, incluso en paletas completas con seis tonos o más) sino jugando con polvos más oscuros (los Terracota de Guerlain siempre fueron los más usados) y otros iluminadores (con el ToucheÉclat de Saint Laurent a la cabeza) para resaltar. Y todo, de forma sutil.

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ToucheEclat de Yves Saint Laurent, el padre de todos los iluminadores

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Terracota de Guerlain: no sólo ilumina la piel, es perfecto para el contouring más sutil

Pero llegó Kim, con sus tutoriales, sus posts de Instagram y su rostro de aspecto cincelado a golpe de contouring y se desató la fiebre, con miles y miles de mujeres de todo el mundo (especialmente jóvenes…) pintándose rayajos marrón oscuro y beige por la cara. ¿Lo malo? Los resultados no siempre son del todo idóneos

En primer lugar… A menudo, el uso de productos de contouring lleva a una acumulación de producto sobre la piel que deja la cara como una máscara. Eso, en el mejor de los casos. En el peor, no han faltado granos ni puntos negros ante tamaño exceso de cremas y pigmentos. Eso, por no hablar de la locura por hacer el contouring más disparatado, que llena páginas de YouTube – ¡pero que sin duda no es recomendable!

En segundo puesto en el ranking de los horrores… ¡El exceso! Y es que el contouring sólo funciona cuando es discreto y ligero. Si las líneas de demarcación y el color son muy visibles, no se ve un rostro modelado, sino pintarrajeado.

No olvidemos que a menudo, cuando nos maquillamos, lo hacemos siempre desde un mismo plano, mirándonos de frente. Pero en la vida real, nos ven desde todos los ángulos. Y el trazo oscuro bajo la mejilla que nos puede parecer que nos deja un pómulo como el de Gisele Bündchen es posible que, desde otra perspectiva, sea vea como… pues eso, como un rayajo.

Lo mismo sucede con el contouring de la línea de la mandíbula (la papada es muy traicionera, ya se sabe) o con el exceso de iluminador, a menudo acompañado de una sobredosis de glitter que da más apariencia de drag queen volviendo a casa a altas horas de la madrugada que de rostro delicadamente iluminado.

¿Contouring? Sí, gracias. Pero… en su justa medida, ¡con un poco se llega lejos!


 

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