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El blog de Stefanie Milla

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Mi único propósito para el nuevo año

Es el propósito más barato, más eficaz, más sensato y el que sólo tiene ventajas para la salud: dormir más es la forma más sencilla de mejorar nuestra calidad de vida.

Imagino que, si son como la gran mayoría de mujeres – y hombres – de nuestro país, van mal de sueño. O incluso muy mal. Porque nos falta tiempo para todo: para trabajar, para las tareas del hogar, para ver una de esas ediciones de Masterchef que acaban de madrugada o para cuidar a los que queremos. ¿Y de dónde sacamos ese tiempo? Del sueño.

Cada vez que nos quitamos una hora de cama nos maltratamos. Nos hacemos una auténtica faena. Sacamos el tiempo de justamente donde no debemos hacerlo: dormir lo que necesitamos no es un lujo, sino una necesidad. No es casualidad que se duerma en todas las culturas, ni que pasemos un tercio de nuestra vida durmiendo. Durante el sueño tenemos tanta actividad cerebral como durante la vigilia – y sin embargo nos castigamos demasiado a menudo robándonos ese tiempo.

Por eso, propongo sólo una nueva resolución este año. Ni ir al gym, ni perder unos kilos ni aprender un nuevo idioma (que tampoco es que sean malos planes, que conste). Durmamos. Durmamos más. Porque, entre otras cosas, si lo hacemos nos será más fácil ir al gym (cuestión de energía), nos costará menos mantener la línea (la falta de sueño aumenta el apetito y reduce la sensación de saciedad, ¡dormir poco engorda, y eso es un hecho!) y además, si dedicamos algo de tiempo a mejorar nuestro inglés, francés o chino, nos cundirá más porque seremos capaces de fijar mejor lo aprendido.

Nos creemos, demasiado a menudo, que dormir es opcional, cuando es esencial para todos y cada uno de nuestros procesos biológicos. No sólo eso. Ya que este blog va de belleza, recordemos que eso de descansar a pierna suelta es la beauy-receta más barata. Dormir permite que la piel se regenere, que el pelo crezca mejor, ¡y de arrugas y bolsas ya ni hablamos!

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Apaguemos las pantallas al menos dos horas antes de irse a dormir. Grabemos los programas que acaben tarde – o no los veamos (¡que tampoco pasa nada!). Y, sobre todo, seamos tan estrictas con nosotras mismas como lo somos con la hora de descanso de los niños: cuando toque irse a dormir, se hace – y ya.

Felices sueños y… muy, muy, muy feliz y descansado 2018.


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