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El blog de Stefanie Milla

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Esenciales de belleza: el rizapestañas

No hay forma más efectiva, práctica y rápida de abrir la mirada y darle más expresividad que usar un rizapestañas. ¿No es hora de perderle el miedo?

Es posible que al ver la imagen que abre este post, alguna que otra lectora haya tenido un escalofrío. A otras les puede haber dado grima. Pero si son como yo, lo habrán entendido: los rizapestañas son herramientas metálicas de aspecto aterrorizador, que parecen sacadas de un catálogo de instrumentos de tortura de la Inquisición pero que (a) son inofensivos y (b) ¡funcionan!

Y es que ya se sabe que las apariencias engañan: lejos de ser una máquina hecha para el sufrimiento, es un instrumento de poderes casi mágicos. Es usarlo y ¡zas! ¡Aparecen pestañas!

Lo confieso: de mis tres básicos, uno es el rizapestañas. También es verdad que tengo unas pestañas transparentes e invisibles y, encima, rectas como toldos (y con la misma dirección descendente), por lo que, si quiero que se me vean, el combo rizapestañas y máscara es imprescindible. Y necesario. ¡Y de agradecer!

Pero incluso a personas con pestañas visibles, y no de camuflaje como las mías, el rizapestañas le hace los ojos más grandes. Y más bonitos. A no ser que se pertenezca al grupo de personas de pestañas inmensas y curvadas por naturaleza, quien más, quien menos, se beneficia de ese toque de rizo. Si se curvan desde la raíz, el efecto es ligeramente Betty Boop, pero hace los ojos más grandes.

ShiseidoEyelashCurler

Si en cambio se tiene maña para hacerlo desde la mitad de las mismas, se potencia el efecto de las pestañas en la raíz, enmarcándolas, pero se pierde un poco de longitud. En cualquier caso, depende tanto del efecto buscado como del largo de la pestaña. Si son cortas, es mejor levantarlas desde la raíz, al igual que si se tiene un párpado más hundido.

Usar rizapestañas no es difícil… ¡Prometido!

Para quienes no se atreven a usarlo… ante todo, mucha calma. No, no duele. No, no es traumático. Lo único que se necesita es un pelín de cuidado al apretar la goma para no pillarse el párpado. Así que las primeras veces, en vez de lanzarse a apretar como si no hubiera un mañana, nada como cerrar el rizapestañas sin prisa, con calma, y una vez seguras de que hemos atrapado pestañas (y nada más que pestañas), apretar suavemente. La presión ha de ser continuada, pero con delicadeza. Y no, no hace falta abrir y cerrar como si bombeáramos el pobre aparato: la idea es curvar y dar forma a las pestañas, ¡no se trata de ordeñarlas! Y de paso, nos ahorramos posibles pellizcos.

Mis favoritos son los clásicos: metálicos y abrazaderas en el mango. Es cuestión de manías personales, imagino, pero me resultan más cómodos que los de mango liso (siento que son menos precisos) y ambos, superiores a los modelos de plástico totalmente compactos, que no permiten ver bien los ojos durante su uso.

Pero la precaución más importante es vigilar que las gomas estén siempre en buen estado. Bueno, gomas, lo que se dice gomas, ya hay pocas: ahora son casi siempre bandas de silicona, que duran más, rizan mejor, y encima son más monas y no se secan tanto.

Como truquito, siempre recomiendo comprar varias gomas a la vez que se adquiere el aparato, y así nos aseguramos tener una nueva a mano cuando se necesita. De vez en cuando, nada como chequearlas para asegurarse que no nos vamos a hacer un corte al uno de pestañas no deseado, pero quitando esa precaución básica, un rizapestañas dura. Y dura. Y dura. Y dura. ¿Lo mejor? ¡No falla!


Además…

¡A tirar sin compasión!
Mi único propósito para el nuevo año

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