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Adictas al amor

El blog de Personal Lover

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Hacer un Bustamante

Cuando nos hayamos ido de este mundo, nuestros descendientes no tendrán más que echar un vistazo a las redes sociales para saber cómo amó y fue amada su querida tatarabuela. Nada de leer un diario secreto ni de contemplar un romántico álbum de fotos. Bastará con que cotilleen -me temo que eso nunca pasará de moda- en Instagram o Facebook para deducir si la vida sentimental de sus ancestros fue envidiable o un completo desastre.

Piensen en Paula Echevarría y David Bustamante. Yo y media España podríamos escribir una tesis doctoral summa cum laude sobre su historia de amor. Por sus redes sociales hemos sabido en tiempo real dónde, cómo y cuánto se han querido los tortolitos desde hace una década y, también por ellas, hemos deducido que “el cese temporal de la convivencia” va camino de ser por siempre jamás.

Ha bastado con que el cantante dejara de seguir en Instagram a su todavía esposa para sonar campanas de divorcio. Porque eso, en la era de las redes sociales, equivale a mandarte a paseo. Intuyo que a partir de ahora marcarse un “unfollower” va a convertirse en “hacerse un Bustamante”.

Y es que la intimidad no es lo que era. Una ya no puede tomar decisiones trascendentales ni lamerse las heridas en privado. Al mínimo gesto virtual el resto de la humanidad se pone al corriente de tu situación sentimental. “Veo por tu Facebook que has pasado este verano sola en el pueblo”, me dijo una conocida (de lengua viperina) hace unos meses. Pues verde y con asas, regadera. “Pablo me dejó por otra y necesitaba los mimos de mamá” pensé, pero le respondí sobreactuada“¡mataba por un poco de aire puro!”. Que se lo tragara ya es otra cosa.

busta

También hay que tener mucho cuidado con las imágenes que, en pleno subidón hormonal, mostramos en las redes. Porque algunas las carga el diablo. O hemos visto tanto CSI que las analizamos como si fuéramos conservadores del Prado inspeccionando un Velázquez. Y te pillan o les pillas.

Sin ir más lejos, yo cacé a Pablo porque subió una foto “del fin de semana de chicos en Sierra Nevada” con el jersey de renos que llevaba su encantadora compañera de trabajo en su perfil de Whatsapp. Empiezas a tirar del hilo -y nunca mejor dicho- y te quedas más sola que la una. ¿Y ahora qué les cuentas a tus 500 amigos de Facebook? Quién hubiera nacido en el siglo XIX…


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