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Cuando el amor está en la oficina

Lo bueno, o lo malo, de llevar media vida trabajando en revistas femeninas es que relacionarse con hombres heterosexuales es altamente improbable. Como atisbar un lince ibérico en peligro de extinción. Me consta que los pocos que se han infiltrado en estos gineceos han sacado mucho rédito a estar en amplia minoría pero nada comparado con la cantidad de transacciones amorosas que se cuecen en otro tipo de empresas.

Esta es a la conclusión que he llegado tras leer un estudio que acaba de dar a conocer el portal de empleo Infojobs. Según este informe, el 31% de los españoles ha mantenido una relación sentimental con una persona de su entorno laboral y un 45% de éstos aún la disfruta en la actualidad. Me parece ciencia ficción poder determinar el momento exacto en que dos personas se enamoran, pero la mitad de las parejas afirma haberlo hecho en la propia oficina –¡si las fotocopiadoras hablaran!–, y la otra mitad fuera de los despachos. Concretamente, tomando algo en el afterwork, en una de esas imprevisibles cenas de Navidad o en un viaje de trabajo.

Estos datos no me sorprenden y, además, me reconcilian con el capitalismo. Si pasamos, como mínimo, 40 horas semanales trabajando es más que probable que nos fijemos en un colega. Y ya que tenemos que ganarnos el pan con el sudor de la frente, al menos hacerlo con un aliciente de por medio. El problema vendrá si la cosa no cuaja y tenemos que cruzarnos con el ex en el ascensor o si la cosa cuaja pero nos hartamos de ver al otro hasta en la sopa –consejo: busca nuevo empleo en Infojobs–, pero quién es capaz de pensar en eso en plena pasión amorosa.

En el pasado siempre se hablaba de pilotos y médicos cuando se pensaba en relaciones “eróticolaborales” –ya saben, las guardias, los hoteles…–, pero esa leyenda es territorio “Cuéntame”. Ahora también encontramos parejas en los partidos políticos, las cocinas con estrella Michelin, los rodajes de cine, Operación Triunfo, las pasarelas, las multinacionales, el ejército o el supermercado de la esquina. Me encantaría saber si las probabilidades de éxito de estas uniones “monotemáticas” son superiores o inferiores a las de las otras, pero ¿para qué perder el tiempo hablando de desamor?


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