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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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¿Por qué y para qué hay tanta información sobre sexo?

Hay cuestiones que despiertan en nosotros un gran interés. Existe un término que define a la perfección, por su etimología, aquellas cuestiones que se ponen delante de uno, que son lanzadas frente a nosotros de manera que acaparan todo nuestro ángulo de visión y de las que, por tanto, no podemos desviar la mirada. Ese término es “problema” (del griego “próblema”: la acción de arrojar con fuerza algo delante de nosotros).

Cuando ese algo, ese problema, acapara nuestro interés, la información, las opiniones y los datos se disparan y se multiplican exponencialmente en los medios de información que la sociedad, en ese momento, disponga. Algunos ingenuos tendemos a creer que lo que se pretende con ese continuo hablar del problema es profundizar en el objeto que capta nuestra atención, aumentar los conocimientos colectivos sobre él… solventar el problema.

Pero la realidad es otra. En general, frente a un problema, lo que busca la gente, lo que buscamos, no es un nuevo ángulo de visión que agudice nuestro sentido crítico sino tan solo reafirmar lo que ya sabemos, que se nos confirme lo que creemos (lo que “todo el mundo” cree),hacer de ese problema algo de lo que “todo el mundo” habla y, en definitiva, acceder a esa esfera de protección que es la opinión pública; un lugar confortable donde no tener que pensar en demasía mientras somos aceptados por el calor del grupo que se conforma entorno al calor de esa hoguera de lo que “se” dice, “se” piensa o “se” opina.

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El sexo se ha transformado en un asunto de “entretenimiento”

El sexo es un gran ejemplo de eso que acabo de explicar; es un asunto de gran interés del que no hacemos más que repetir y repetir lo de siempre a fin de calmarnos, de guarecernos en el rebaño, de evitar que nos sacudan nuevos conceptos, nuevas ideas… en resumen, nuevas complicaciones. Así, alrededor de él, hemos creado un ingente discurso confortante por conocido en el que lo que nos importa de verdad no es el qué carajo puede ser eso del sexo sino el reconocer e identificar de lo que se habla, de lo que todo el mundo habla.

El sexo se ha transformado en un asunto de “entretenimiento”. Hacemos del problema la gran barra de bar donde tomarnos juntos unas apacibles copas y charlar, porque todos podemos decir algo sobre él… porque todos podemos decir lo mismo sobre él. Mientras, el problema, que ha cambiado su función de inquietud por la de apaciguamiento, sigue su curso y sigue sin ser resuelto.

El sexo, además, contrariamente a lo que puede suceder con, por ejemplo, la física cuántica, y por la sobre información que de él nos llega, hace que cualquiera pueda acceder a ese discurso común repetido y manido con tan solo el requerimiento de saber leer o de escuchar un rato. Esa es la situación ideal para que estalle un ingente número de “opinadores” del “corta y pega” (titulados o no…eso da igual) a los que les interesa mucho más ser oídos que profundizar en lo que hablan…y para ser oído, nada más eficaz que repetir con cierto buen rollo y “naturalidad” lo que ya todos el mundo sabe.

Si a eso añadimos que creemos que, por ser sexuados, ya estamos legitimados para exponer lo que es el sexo (que es algo tan ridículo como el creer que por tener corazón podemos hablar de cardiología), el negocio del hablar de sexo tiene vía libre. Pero el asunto no trata tanto de denunciar en el discurso del sexo un intrusismo campante propiciado por una sociedad que hace de la audiencia el valor del contenido… hay personajes cargados hasta las cejas de titulaciones y reconocimientos que hacen lo mismo que cualquier jovencita que acaba de descubrir que el clítoris está por encima de la uretra o que se puede tener relaciones sexuales con la regla en un blog, en un canal de Youtube o donde sea; repetir y repetir lo mismo sin que avance lo que debería ser el objeto de “veneración”, que es el sexo y no yo misma.

El asunto es más la parálisis del discurso, el no atrevernos (o no nos dejan) a avanzar en él, el conformarnos en lugar de asumir con coraje los riesgos de poner en cuestión lo que ya sabemos. Y hay algo aún más inquietante; eso no solo le pasa al discurso sexológico, le pasa a todas las disciplinas de carácter humanista.

Hace tiempo, demasiado tiempo, que aun existiendo gente brillante en estas disciplinas no hay, de verdad, novedad, genialidad, cambio de óptica en ellas. Y lo que quizá sea todavía peor; hay mucha gente que busca diferenciar su “producto” sin profundizar el discurso pero hay poca gente que se arriesgue a salir del carril de la mayoría y su “like” y muy poca gente que, en lugar de buscar el aplauso por decir lo de siempre, ponga en cuestión el porqué se aplaude lo de siempre.

La sobre información anula la información

Y es que la sobre información de lo mismo anula la información, como un pajar anula y esconde la aguja. El decir en materia sexual se ha convertido hoy en día en un ruido de fondo, en un runrún tranquilizador pero histérico que nos imposibilita el pensar la melodía. Y la proliferación de los contenidos sobre sexo es en gran medida un ejemplo, aunque no el único,de la cacofonía que impide encontrar aunque sea una nota nítida en esa machacona cancioncilla que no podemos quitarnos de la cabeza.

Sí, lo sé, esto es un blog y un blog con contenidos sobre sexo por parte de una sexóloga. ¿Que me he tirado piedras en mi propio tejado? Pues, posiblemente sí, aunque si sólo una de esas piedras hubiera caído sin lastimar, sólo como lluvia de Mayo, en el oído de alguna lectora inquieta, osada y con criterio, ya hubiera merecido la pena la pedrada.


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