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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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Ponga una “madurita” en su vida

En cuestión de eslóganes sexuales horteras y de reclamos casposos de esos que aparecen en portales de pornografía, los referentes a que te alargues el pene han dejado lugar a otro nuevo de muy inspirada prosa y exquisito gusto: “Fóllate a una madurita”.
Y es que las “maduritas” hemos entrado en el mercado de ofertas sexuales con más ímpetu que un camello en un bebedero después de cruzar el desierto. Sucede eso porque al mercado y a los mercaderes no se les escapa el poderosísimo grupo de comercio que representamos en cuanto a consumidoras y en cuanto a “producto ofertable”.

Tanto es así que, mientras que en los supermercados se agrupan los productos cárnicos y derivados en el mismo estante y se clasifican según deriven del porcino, la ternera o el pollo, también en nosotras se ha tenido que establecer una taxonomía a fin de propiciar un rápido acceso al consumidor y una facilidad de comprensión en el etiquetaje (debo señalar a este respecto que la mayoría de nosotras no contenemos gluten y, si acaso, algún rastro de parabenes).

Así, si a las lechugas se las suele clasificar en las variedades de Beluga, Romana, Francesa o Batavia, a las mujeresde largo vuelo se nos clasifica en las variedades de MILF, MATURE, COUGAR, GRANNIES, WHIPs, combinaciones de todas, sub clasificaciones y matizaciones adjetivales diversas para cada una de ellas. Repasemos brevemente estos enunciados, no vaya a ser que algún despistado se lleve gato por liebre y acabe indigesto.

Clasificaciones para todos los gustos…

MILF” (acrónimo de “Mother I’d like to fuck”…para los castizos; “Madre a la que me follaría”)Aquellas mujeres en edad de haber sido madres, lo hayan sido o no, y que tienen, a criterio del consumidor, un buen repaso.

MATURE” (“Madura”, por entendernos y no entrar en muchos detalles) Sería aquella mujer más curtida que la “MILF” pero que no alcanza ni las canas de la GRANNY ni el diminutivo de “madurita”.

COUGAR” (en argot inglés, “puma”) Especie que incluiría a aquellas mujeres de cierta edad que andan a la caza, captura y deglución de varones más jóvenes que ellas.

GRANNY” (literalmente y en inglés, “abuelita”) En edad de haber sido ya madre de la “MILF” pero todavía con las ansias guerreras de dar y recibir.

WHIPs” (otro acrónimo gilipollas de la parrafada inglesa: “Women who are Hot, Intelligent and in their Prime”, es decir, “Mujeres calientes, inteligentes y en su mejor momento) Este es un intento de no ofender pero también de no decir nada, con lo que le auguramos poco porvenir en esto de vender pescado fresco.

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Una reflexión crítica sobre el “redescubrimiento” de la mujer madura

Esta vuelta de mirada hacia la mujer madura podría interpretarse como un cambio en el paradigma de la comprensión del hecho sexual que ponga en cuestión asuntos tan recurrentes como la activación del deseo en base a lecturas más o menos simbólicas de la capacidad reproductiva del “partner” o el modelo juvenil que engloba lo anterior y que anexa cuestiones como la flexibilidad de la amante, la tersura y solidez de sus carnes, su supuesta capacidad de resistencia en cuestiones de rendimiento sexual, etcétera, etcétera.

Sin embargo, desgraciadamente no es así; esos pilares siguen fuertemente anclados, lo único que sucede es que, hoy en día, a diferencia de hace unas décadas, la mujer madura puede conservar esos visibles signos libidinales de carácter reproductivo que exige el modelo. Y no sólo los conserva sino que amplía la “calidad” del producto que ofrece, pues aporta como valor añadido experiencia, conocimiento de sí misma y del otro, superación de inhibiciones sexuales y un plus un tanto intangible de ser más papista que el Papa. Es decir, no sólo sabe qué comer, cómo guisarlo sino además puede tener más hambre que un polluelo en el nido.

Con ello quiero decir que, más que ampliar la aplicación de la sexualidad a quien por derecho la tiene, lo que hemos hecho con los avances en la remodelación del “yo” en las mujeres (industria cosmética, de la cirugía estética, del “estar en forma” y quizá de la propia evolución genética de nuestra especie) es incluir en la sexualidad“juvenil” a quien “parece” tenerla, con lo que mucho más allá de “mover” una insuficiente y encorsetada concepción del hecho sexual hacia la mujer, es la propia mujer la que ha tenido que volver a moverse para encajar en él, teniendo a los cincuenta, por ejemplo, que parecer, lo quiera o no, una lozana mocita de veinticinco.

 

Para acabar; ¿existe una clasificación similar aplicable a los hombres? No, ¿verdad? Pues, démosle una vuelta al porqué pasa eso y se entenderá toda la crítica al tenderete del hipermercado… Que un charcutero puede entender mucho de jamón pero el que de verdad sabe es el cerdo.


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