mujerHoy

Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

parafilias

¿Qué son las parafilias?

El que exista lo “normal” tiene una consecuencia inmediata; produce lo “anormal”. Y lo “anormal” siempre crea su encaje en lo “patológico” o en lo moralmente despreciable (lo perverso, lo pecaminoso, lo malo…).

Ser “anormal” no le gusta a nadie. Todos queremos ser radicalmente “normales”, por más que pretendamos “diferenciarnos” de la manada y aspiremos a llegar a ser el capitán de los normales (algo que requeriría de partida ser el más normal de los normales). Todo esto no es que lo sepa yo, es que lo saben los complejos mecanismos de poder y control que generan la norma, los que determinan la normalidad.

Los criterios de fijación de esa norma son extraordinariamente dependientes del marco de comprensión donde se generan, porque son su manifestación. Es decir, los criterios de “normalidad” son culturales. Si una cultura desprecia, por ejemplo, la sodomía, cualquiera que la practique será catalogado de “anormal” y, o bien tendrá que ser “curado”, porque habrá adquirido la categoría de enfermo o bien se expondrá a ser marcado y consecuentemente despreciado por el grupo (habrá adquirido la catalogación de “depravado”).

La normalidad en materia sexual depende de lo “productivo” de una acción

Otro ejemplo; en nuestro marco cultural que crea normalidad en materia sexual hay una curiosa base que suele darle consistencia. Lo “productivo” que resulte esa acción; mientras más destinada a producir algo (por ejemplo, “engendrar” o simular que se engendra mediante la práctica del coito) más “normal” se considera, mientras más alejada esté de esos fines reproductivos y más se detenga en ese alejamiento, más “anormal” se entiende.

Así, por ejemplo, el recrearse en lo que el modelo normativo denominaría “preliminares”, empieza a resultar sospechoso. Si uno prefiere mirar al amado que practicar el coito con él, la anormalidad del “voyeurismo“ le amenaza, si lo que prefiere es focalizar su deseo en una parte no genital del amante, el “fetichismo” le ronda, si le estimula, en lugar de meter o que le metan algo, el recibir un cachetito, el “sadomasoquismo” le acorrala.

Calificaciones morales de desprecio para nombrar a las “anormalidades”

Para condenar las anormalidades, lo primero que hacemos es ponerles un nombre que designe a cada una de dichas anormalidades. El término en sí, el que lleva al titular a la condena, ya tiene que contener en sí mismo la condena. Si alguien que tiene una erótica “fuera de normalidad” le llamamos “depravado”, “perverso” o “desviado”, todos esos términos operan ya como calificaciones morales de desprecio.

Si lo que queremos conseguir sobre este individuo es someterlo a la condena de la morbidez, de lo patológico o de la enfermedad, diríamos que el sujeto padece una “psicopatía sexual”, una “perversión sexual” o una “parafilia”. Estas tres catalogaciones están aquí enunciadas en función de la antigüedad con la que se empleaban en los círculos clínicos.

“Psicopatía sexual” es un término de principios del XIX, “perversión sexual” ha sido de uso más común en el XX y “parafilia” es el que está actualmente en la clínica más en boga. Si nos detenemos en este último, veremos que se creó con la saludable intención de amortiguar el carácter peyorativo de los anteriores.

Para ello, toma prestado del griego el término “para” que significa “más allá, fuera de” y “filia” que sería “afinidad” y por lo general “amor”. Así que, por “parafilia”, se entendería todos aquellos deseos,fantasías y conductas del ser sexuado que están “fuera del amor”….Para no querer condenar podrían haber hilado un poquito más fino.

jug

En sexología, no existen las parafilias

En sexología, se tiene la función principal de analizar el hecho sexual humano lo más aislado posible de las características semánticas que le imprime determinada cultura. Así, se pretende evitar designar estas cuestiones asumiendo que, en sí mismas, ya contienen algo que las hace condenables.

Ni moralmente, ni patológicamente. Eso no impide que obviemos que, en determinada época y en determinado lugar, esa conducta o esa aspiración de conducta sea vista como fuera de norma, lo que explicaría la cultura pero no necesariamente el hecho sexual, ni que olvidemos que el sujeto que tenemos que tratar está siempre dentro y es producto de ese marco cultural que genera la norma.

Así, nosotros ponemos en cuestión el concepto mismo de “normalidad” y, por tanto, consideramos que no existen “parafilias”, pues no entendemos que ninguna actitud erótica se tenga que designar de partida como ajena al amor, sino sólo “peculiaridades eróticas”.

Expresiones del erotismo del sujeto sexuado que le son propias y que emergen en el proceso de conformación de su sexualidad. Para la sexología, lamer los pies de alguien con fines eróticos o disfrazarse de azafata de Lufthansa para tratar a un díscolo pasajero no son parafilias, sino sólo una particular forma de entender el erotismo. El conjunto de esas particularidades sólo demuestra una cosa; ni lo malo o lo loco que estamos sino las infinitas formas de manifestación del erotismo en los humanos, su enorme diversidad y modos expresión.

Y es que, contrariamente a lo que pueda suceder en entomología, en sexología y estrictamente hablando de erotismo, los humanos podemos ser un “bicho”, pero casi nunca somos un “bicho raro”.


Además…

El sexo y sus estúpidas medidas
“Pornografía” y “erotismo”: una historia curiosa
Los misterios del “dirty talking” o el “hablar sucio” en la cama

|

Comentarios