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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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Fantasías eróticas: ¿eres responsable de ellas?

La responsabilidad es el sustento de la culpabilidad. Si alguien no es responsable de algo, su culpabilidad sobre ese algo se desvanece. Responsabilizar a alguien de lo que sucede en él (desde lo que le pasa por la cabeza hasta un catarro) es la manera más eficaz de que todos sus mecanismos de alerta estén activados a fin de evitar devenir culpable.

Así, mientras más responsabilizado esté alguien y sobre más aspectos de los que le conforman, más bajo control está. El hecho de responsabilizarnos y someternos a control bajo la amenaza de la culpa no es sólo algo que suceda porque le interesa al poder, sino algo constituyente de nuestra condición de humanos que, en algún momento, devienen adultos y ciudadanos.

Eso ya lo sabría Freud; el interdicto, las prohibiciones sobre lo que queremos (y con ello,el responsabilizarnos bajo la amenaza de la culpa), es lo que inaugura y funda la civilización…aunque ese mismo fundamento sea también el que crea la barbarie. El concepto de “libre albedrío” es algo, asimismo, ideado para la responsabilidad; tú puedes hacer el bien o el mal, depende de ti y hasta tú puedes imaginar el acostarte con el marido de tu vecina o no…todo depende de ti.  Pero, y esa es la gran pregunta: ¿qué depende de verdad de mí y qué no?

Esa es la obsesión de Epicteto, el estoico latino que se plantea en modo de súplica, el tener la sabiduría suficiente como para saber qué depende de él y qué no… es decir, de qué se tiene que hacer responsable y por lo tanto sujeto de culpabilización y de lo que no.Cuando una alcanza una edad y repasa su vida, intenta encontrar los momentos “eje” que han hecho de su vida lo que actualmente es. ¿Por qué si yo deseaba aquello he acabado siendo esto? o ¿en qué momento me equivoqué?

Luego, si una, sin ser una irresponsable pero manteniendo cierta inocencia, se detiene un segundo, piensa; ¿pero, de verdad, el hecho de estudiar física nuclear o puericultura dependía de mí?, ¿de verdad el emparentarme con Antonio en lugar de con Pablo, es una decisión que tomara de forma completamente autónoma y libre?

El sexo y la culpabilización suelen ir desgraciadamente de la mano

En el sexo, la culpabilización es un asunto capital, pues sintiéndonos culpables de todo, el control es absoluto, nos híper vigilamos nosotros mismos sin siquiera tener la necesidad de una fuerza represiva externa. Y ya se sabe que el sexo es nuestra faceta humana que más bajo control ha querido tener siempre el orden moral.

Para los actos derivados de nuestra sexualidad que lastiman y nos lastiman, muy difícilmente encontramos excusas; ¿por qué me encoñé con Menganito poniendo en peligro a mi familia?, ¿por qué no le dije a aquel cretino que se pusiera un condón y ahora quizá esté embarazada? Todas esas consecuencias de actos perniciosos se apoyaron, en su origen, en una parte de nuestro imaginario erótico; el “deseo”  erótico.

Yo “deseaba” tener una aventura extramatrimonial con Menganito o yo deseaba follarme a ese cretino aun sabiendo que era un cretino que no usaba preservativos. Eso no significa en absoluto que todos nuestros “deseos” sexuales nos ocasionen perjuicios, la inmensa mayoría nos gratifican enormemente, pero sí significa que, en gran medida, creemos que lo que “deseamos” depende de nosotros.

Pero, ¿ocurre lo mismo con todo lo que pasa por nuestra cabeza y nos puede excitar? No lo creo. No lo creo en absoluto, pues mientras hay cuestiones en nuestro imaginario erótico que queremos llevar a la práctica por el acicate del “deseo”, hay otras que nunca querríamos que sucedieran “de verdad”, sino sólo en nuestra calenturienta imaginación. Esas son las “fantasías” eróticas. Y creo, y lo vengo defendiendo hace muchos años, que esa distinción entre “deseo” y “fantasía” es fundamental.

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Y creo, y lo vengo anunciando hace tiempo, que al orden moral le interesa que no exista esa distinción para poder sentirnos culpables de todo lo que nos pasa por la cabeza. Así, mientras una puede sentirse responsable de sus deseos, no tiene porqué sentirse responsable de sus fantasías ni dar explicaciones de ellas a nadie ni tan siquiera a ella misma.

Ayer, conduciendo por la Gran Vía, un coche estacionado abrió, de repente, la puerta. Cuando conseguimos esquivarlo, fantaseé durante un segundo y hasta me satisfizo, con meterle el tacón en la boca al conductor y la palanca de cambios por el culo. Pero, lo que de verdad deseaba era evitar el accidente y en dirección a ese deseo actué. ¿Me convierte esa fantasía por el simple hecho de tenerla en una sádica torturadora? No lo creo. No lo creo en absoluto.


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