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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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¿Seguro que sabes comunicarte con tu pareja?

A la tercera vez que se le caló el coche y, justo después de evitar in extremis el atropellar al enésimo ciclista, le pedí que detuviera el vehículo. Me preguntó, molesto, el por qué me bajaba si la dirección que le había indicado estaba aún a varios kilómetros. Le indiqué que su falta de pericia al volante no me generaba ninguna tranquilidad.

Señorita”, me contestó airado, “llevo treinta y ocho años de carnet encima”. Esa afirmación, lejos de poner en duda mi juicio sobre sus habilidades al volante, me confirmó algo que ya intuía; no siempre el repetir una y mil veces una actividad nos hace más diestros en ella, es más, lo único que se suele conseguir es consolidar y reforzar los errores que cometemos en su desarrollo.

Hablar no es sinónimo de comunicar

El que todos, más o menos, estemos continuamente realizando el ejercicio de comunicar con los demás, desde con el panadero hasta con nuestro amante, no siempre garantiza que sepamos ni lo que el concepto “comunicación” implica ni que sepamos abordarlo convenientemente en todas las complejas fases que su desarrollo exige.

Así, una pobre comprensión de los signos y convenios semánticos que dificulta la formación del mensaje o la falta de empatía al asumir cómo el otro va a decodificarlo y, a partir de ello, interpretarlo, hace que muchas veces, y sin quererlo, seamos cómplices e instigadores de un lamentable diálogo de besugos. Y esto, que siempre es un fracaso, se hace especialmente problemático en el ámbito de la pareja y es una recurrente causa de desestructuración de la misma.

Los miembros de la pareja hablan y hablan entre sí; si les preguntas, te dicen que comunican continuamente, pero a los dos minutos ya ves que ni se entienden, ni se escuchan y ni siquiera hablan el mismo lenguaje. Y es que dan por hecho que el otro ha dicho lo que quieren creer que ha querido decir.

El bilingüismo sexual

Y es que el problema es bastante profundo, además de enormemente extendido, tanto que en sexología, al intentar encontrar un elemento inmanente que problematiza toda comunicación de los sexos o algo que ya de partida dificulta la correcta aplicación del hecho de comunicar entre los sexos, nos topamos con el “bilingüismo sexual”.

Una manera propia de sentir (y de codificar semánticamente estos sentimientos) inherente a los sexos que dificulta enormemente la decodificación, interpretación y semántica por parte del otro. Un “otro” que apenas chapurrea (o, lo que es peor;  cree que chapurrea) el idioma propio en que se expresa (o lo que es más complejo, intenta expresarse) su pareja.

Algunas claves para comunicar mejor con la pareja

Sea como fuera, hay algunas claves sencillas que, pese a considerar todas esas dificultades de partida en la comunicación sentimental, facilitan el acuerdo y crean un marco apropiado de comprensión. Estas son algunas:

1. Sustituir en el mensaje el “tú” por el “nosotros”. En este marco “poliglósico” (una especie de Torre de Babel doméstica), el “tú” suele ser el principio de un enunciado de reproche. El, por ejemplo, “(tú) no has acabado la tarea” es garantía de un conflicto, pues la responsabilidad de lo que sea no recae en la asociación pareja sino en el otro. Mejor “(nosotros) no hemos acabado la tarea” pues induce a una comunicación cooperativa y no de dominancia.

2. Evitar la comunicación cuando el dominio de uno o los dos sujetos está en la emoción y no en la palabra. Las emociones, en su manifestación aguda, son un disolvente de las palabras y hay que aprender (y es dificultoso) el saber comunicarlas en el momento en el que no nos dominan. Si hay un arrebato emocional, mejor no manifestarlo ni pedir que se manifieste a toda costa…ya vendrá un momento más oportuno para hacerlo.

3. Saber parar. La insistencia en un mismo tema sólo incrementa la emergencia del conflicto por incomprensión y no ayuda ni pretende la resolución de ese tema.

4. El pasado no suele ser siempre un tema óptimo de conversación… y no lo es nunca cuando la rememoración conlleva un reproche o una culpabilización. El “la semana pasada hiciste o dijiste tal o cual cosa” no augura nada bueno, entre otras cosas porque en lugar de “enseñar” para lo que pueda suceder la siguiente semana, la cortocircuita y condiciona.

5. Intentar hablar claro (la ironía es un arte de la distancia que no todo el mundo tiene) y saber decir que NO, pero decirlo no a modo de cierre sino a modo de inicio de negociación (“no me apetece esto pero podemos hacer lo otro”).

6. No dar nada por hecho ni basar la comunicación en adivinar lo que el otro me dice. Cuando uno cree que conoce a la perfección a su pareja y que, por tanto, da igual lo que diga porque siempre “se refiere a lo mismo”, la comunicación no existe. Del mismo modo que si en lugar de tratar de interpretar en silencio lo que se nos refiere, lo que pretendemos es adivinarlo descontextualizándolo de su marco de expresión…casi siempre nos vamos a equivocar en la lectura.

7. Saber pedir perdón (talento reservado a los dioses, lo sé) O al menos intentarlo con honestidad.

8. No generalizar. Todos sabemos que si uno tiene un mal día sólo va a hacer falta que se le caiga un boli para que llegue a la conclusión de que el Apocalipsis está cerca. Del mismo modo, el hecho de que su pareja se tomara un día un sándwich de pollo no quiere decir que vaya a montar una pollería.

El taxista, además del vértigo por su conducción, también me había puesto la cabeza como un bombo con sus teorías y elucubraciones. Cuando me bajé y di el portazo, pensé en responderle; “¡También lleva treinta y ocho años hablando con el pasaje y todavía no sabe qué decir!” Pero luego lo pensé mejor… pues otra de las claves de la comunicación es saber cuándo ésta ha llegado (por fin) a su fin.


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