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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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Mi pareja me es infiel. ¿Qué puedo hacer?

Decía el humorista aquel que si te han sido infiel, lo primero que debes evitar es saltar por la ventana… te han puesto unos cuernos, no unas alas. Y más que este chiste en sí, mejorable, lo reconozco, lo que llama la atención es que hagamos tantísimos chistes sobre esto de la infidelidad. A servidora no se le ocurre otro motivo para justificar esto que uno; nos reímos tanto del tema porque nos aterra. Nos aterra y lo hace, además, porque es algo que todos, en algún momento u otro, estamos abocados a padecer.

Hacer preguntas con talento

Hablar de “infidelidad” es hacerlo de algo tan genérico como del “dolor de cabeza”. Una “infidelidad” en sí misma explica muy poca cosa. Sí, explica que una está jodida (por la jodienda extra muros del legítimo) pero no caracteriza nada de los elementos y causas que componen ese malestar. Así, la “infidelidad” de mi pareja no relata nada de las circunstancias que han provocado este hecho (si es un tumor cerebral o es que la presión atmosférica está baja) ni, por lo tanto, nos relata nada del cómo afrontarlo (si me despido de mis seres queridos o me tomo una aspirina).

Y esto es inquietante, porque cuando sucede un hecho que inmediatamente es catalogado de “infidelidad”, todos nos ponemos a punto para la trepanación o pensamos en iniciar el vuelo sin motor por la ventana. Decía Wilde que “en el matiz es donde reside la inteligencia”. Y eso, los matices y no el estruendo de un decir “me es infiel”, son los que de verdad deberían permitirnos elaborar el juicio que nos haga actuar en consecuencia a lo sucedido y que nos permitan, si es el caso, reajustar los mecanismos de convivencia. Sobre el concepto de infidelidad y el de la “gestión de la promiscuidad”, servidora ya ha escrito mucho y este lugar no da espacio para ello, pero eso no impide una recomendación; mostrar las emociones y preguntar, pero preguntar con talento.

¿Qué es, de verdad, una infidelidad? ¿Por qué me duele? ¿Cómo ha sido “construida” esa infidelidad? ¿A quién ha elegido mi pareja para serme infiel? ¿Cómo me he enterado de ella? ¿Qué había yo manifestado sobre este tema antes de que se produjera? ¿En qué circunstancias se ha producido? ¿Ha sido premeditada? ¿Ha liquidado nuestro amor? ¿Nos puede beneficiar en algo esta situación? Estas y muchas más son las cuestiones que debemos intentar respondernos con la máxima frialdad antes de desarticularnos completamente por algo que, si bien nos puede desarmar como un castillo de naipes, no siempre tiene todos los “requisitos” para hacerlo.

La persona engañada se convierte en un niño obsesivo y pregunta demasiadas cosas irrelevantes

Eso de tener que preguntar y preguntarse ya lo sabe la persona engañada. La primera reacción, tras el pasmo, siempre suele ser la misma; preguntar y preguntar al otro como si la vida de una dependiera de ello. Y es que el engañado, lo primero que deviene (luego devendrá un paranoico y después un melancólico), es un niño obsesivo.

Actuamos así porque tenemos que encontrar un relato a lo sucedido, una explicación, pero además no un relato cualquiera sino un relato que nos satisfaga, que nos permita recomponernos, que nos permita decidir qué sentido darle a la pareja a partir de él. El problema, y aquí viene la primera advertencia, es que le cogemos demasiado “gusto” a las preguntas; queremos saber demasiado… y normalmente un “demasiado” que resulta completamente irrelevante.

Cuando pronunciamos cuestiones como; “¿te la has follado aquí en nuestra cama?” o “¿la mama mejor que yo?”, en realidad no queremos saber nada de relevancia, sólo queremos acortar la distancia a la que nos ha mandado el suceso (lo más doloroso de una infidelidad es que, cuando se produce, uno no está) y queremos, aunque parezca inconcebible, magnificar aún más nuestro sufrimiento. Este segundo punto, por lo complejo que resulta de entender y por la poderosísima carga emocional que tiene, es el que, por ejemplo, hace que, entre lágrima y lágrima, uno se excite sexualmente al pensar en lo que ha hecho nuestra pareja.

En el fondo nos “pone” (lo cual no quiere decir que nos satisfaga) el hecho de que mi pareja se haya follado a alguien sin mi consentimiento. Misterios del deseo humano… Así, entre la necesidad de encontrar explicación, el intentar volver a recoser la distancia con la pareja y nuestro incontrolable, repentino e injustificable ardor libidinal, si a cualquiera de nosotros nos ofrecieran la posibilidad de ver por el ojo de una cerradura lo que ha sucedido, aceptaríamos sin dudarlo. Y ahí nos equivocaríamos. Las preguntas, por tanto, deben realizarse, pero deben intentar colmar mucho más nuestras ansias de enjuiciar esos matices que decíamos al principio, con el fin de estabilizarnos que las de satisfacer nuestro “gozo” trágico.

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Una cosa es una herida y otra, una cicatriz

También conviene recordar algo que es aplicable a los momentos de duelo (en cierta forma, una infidelidad es un duelo por algo perdido); cuando golpeas una campana, ésta sigue vibrando mucho tiempo aunque ya haya dejado de sonar. Quiero decir con ello que hay que “sonar”, mostrar extrovertidamente lo que se siente por más que cueste encontrar el sonido ajustado de una palabra. El estoicismo, en estas situaciones, no suele conseguir más que llenar de rencores, de volcanes activos, de toxinas la relación y a una misma.

Hay que decir y decir, pero también hay que saber cuándo dejar de decir, porque una cosa es una herida y otra una cicatriz y, si bien una infidelidad siempre hiere, hay que saber cuándo cicatriza y pasa a ser un hecho en la biografía de la pareja… El mantener perpetuamente abierta esa circunstancia con el objetivo de controlar, vigilar, castigar o chantajear al otro, garantiza menos futuro a la pareja que longitud pueda tener el vuelo de un astado.

Y paciencia. Si al final, el juicio determina el continuar andando juntos otro trecho, recordad que una infidelidad no convierte a alguien en un infiel… aunque tampoco garantice que no lo haga. Pero ya se sabe, ¿qué sería de nuestra existencia si sólo tuviéramos certidumbres?


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