*

mujerHoy

Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

endometriosis

¿Qué es la endometriosis?

Un cuerpo es una organización fascinante tanto por su extrema complejidad constitutiva como por su sofisticada operatividad, pero también por la sorprendente crueldad con la que actúa cuando se desequilibra. “Nadie sabe lo que puede un cuerpo” solía repetir el filósofo sefardí Baruch Spinoza… Nadie sabe lo que puede desplegar o retraer una existencia humana.

 

Una enfermedad crónica que afecta entre el 10 y el 15% de mujeres

El endometrio es la mucosa que recubre el interior del útero. Es un tejido conjuntivo y altamente vascularizado (contiene multitud de vasos sanguíneos y glándulas) que se encarga de acoger el embrión tras la fecundación para posibilitar su implante y permitir el desarrollo de la placenta, el saco gestacional y posteriormente el cordón umbilical. Así, durante el ciclo menstrual, se engrosa y al inicio de cada ciclo menstrual, si no se ha producido la concepción, se desprende produciendo el sangrado de la regla para volver a proliferar nuevamente en el siguiente ciclo.

Por tanto, durante el ciclo menstrual, sufre numerosas afectaciones dirigidas por las hormonas sexuales (estrógenos y progesterona) que segregan los ovarios. Pues bien, el endometrio, que debería estar restringido al útero, pues es allí donde, como tejido, cumple sus funciones, en ocasiones comienza a crecer y desarrollarse fuera del útero. Y lo hace sin que tengamos la más mínima idea del porqué lo hace… pero lo hace. Así, puede desarrollarse en los ovarios, formando ocasionalmente unos quistes de nombre endometriomas, pero también puede hacerlo en las trompas de Falopio y hasta en la vejiga, los intestinos e incluso, en casos mucho más extraños, fuera de la cavidad abdominal como en los pulmones y hasta en el cerebro.

La endometriosis es, por tanto, una enfermedad crónica (es decir, este “disparatado” proceso se hace de manera recurrente en cada nuevo ciclo menstrual sin que sepamos evitarlo), benigna en sí misma salvo que, por su funcionamiento, produzca mayores complicaciones y que tiene una incidencia que afecta entre el diez y el quince por ciento de las mujeres en edad fértil (normalmente entre los 30 y 50 años, pero puede también darse con menor frecuencia en mujeres muy jóvenes). Y esto son muchas mujeres. De estas mujeres afectadas, se calcula que alrededor del 40% pueden tener dificultades severas en su capacidad de concepción, es decir, serán infértiles.

Y puestos a complicar la situación, la mayoría de las mujeres que padecen endometriosis no detectan los síntomas, o si los detectan, los suelen asociar con los procesos dolorosos o incómodos propios de la menstruación. Sólo en casos de endometriosis severa se generan los suficientes síntomas de alarma como para que la mujer evalúe su situación. Téngase en cuenta que la sangre derivada de la natural destrucción del endometrio se puede producir en áreas donde no puede ser evacuada con facilidad, con lo que produce en dichas áreas inflamaciones y los subsecuentes dolores inflamatorios.

 

Síntomas y tratamiento

La sintomatología que puede permitir a una mujer detectar este padecimiento cuando es detectable suele ser, en primer lugar, la dificultad para quedarse embarazada. Pero también pueden ser síntomas de alerta los dolores pélvicos, abdominales o en la zona baja de la espalda, menstruaciones inusualmente largas o con sangrado muy abundante, sangrado menstrual fuera de periodos, dolor y sangrando al orinar o defecar, acompañado o no de sangrado y dispareunia, es decir, dolor durante o después de las interacciones sexuales.

La intensidad de dichos síntomas no es necesariamente consecuente con la gravedad de la endometriosis, por lo que su magnitud no ayuda a determinar ni si se padece ni en qué grado. Para determinar si una mujer padece endometriosis, el profesional de la ginecología puede efectuar algunas pruebas orientativas como la ecografía transvaginal con vistas a localizar algunos quistes endometriosicos en los ovarios o zonas cercanas, pero la única manera que hoy en día tenemos de determinar con seguridad si se padece o no, es la intervención quirúrgica por laparoscopia con anestesia general, consistente en realizar un par de pequeñas incisiones en el abdomen para introducir el material necesario para la extirpación en caso de que sea necesaria y otra incisión, habitualmente desde el ombligo, donde insertar la cámara que permitirá al cirujano observar los tejidos y las posibles tumoraciones.

Por tanto, la laparoscopia permite, en una única intervención, tanto el diagnóstico como la intervención si fuese necesaria, sin tener que someter a la paciente a dos intervenciones distintas. Como dijimos al inicio, el hecho de que se intervenga con éxito no significa que la endometriosis sea curada de manera concluyente, pues es un padecimiento crónico. Los tratamientos sintomáticos que se emplean para intentar paliar los efectos sobre la calidad de vida son fundamentalmente hormonales (principalmente anticonceptivos para impedir la producción de estrógenos y con los efectos secundarios que éstos suelen acarrear), así como antiinflamatorios para amortiguar el dolor y, en los casos más graves, nuevas intervenciones para eliminar los nuevos tumores o, en casos de mayor gravedad, la histerectomía para extirpar el útero (que es la única manera posible, hoy en día, de acabar definitivamente con la endometriosis).

 

La fortaleza y resiliencia de las mujeres con endometriosis

En consulta tengo varias chicas con endometriosis que acuden a vernos para intentar mejorar su vida sexual. En multitud de ocasiones hemos conseguido, a través de la educación sexual y de algunos consejos funcionales, que esta devenga satisfactoria y que no altere en exceso el placer y el derecho que tienen al desarrollo de sus propias sexualidades. Un mérito atribuible al terapeuta pero especialmente a la fortaleza y resiliencia de muchas de nosotras y de nuestros organismos…Y es que, para sobreponerse, tampoco sabe nadie lo que puede un cuerpo.


Además…

¿Qué es el vaginismo?
¿Qué origen tiene la “luna de miel”?
El mito de la “media naranja”

 

|

Comentarios