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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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La eyaculación precoz

En estos tiempos en los que el tiempo, más que acompañarnos y dar sentido a nuestra existencia, parece que nos amenaza y siempre está en contra nuestra (siempre vamos “contra reloj”), la eyaculación precoz o la eyaculación rápida se han colocado en el pódium de las dificultades sexuales que afectan a los varones.

Sin embargo, esta dificultad puede venir, como un antiguo filósofo moralista griego, a enseñarnos una cosa; no tiene nada que ver con el tiempo lineal (con Cronos, el tiempo de los relojes), sino con el grado de satisfacción que produzca ese tiempo, sea el que sea. Así, no es de extrañar que algunas personas (incluidos los terapeutas) cometan el error de usar el cronómetro como herramienta infalible de diagnóstico y conforman, en base a ese cruel tirano que es la “normalidad” establecida, unos parámetros mínimos y máximos que encasillen cuando aparece o no dicha dificultad.

Y es que, en realidad, si son tres minutos o treinta los que el varón tarda en eyacular, no nos indica gran cosa (aunque ese, el paciente, esté sometido también en su concepción del tiempo a los rendimientos y “normalidades”, y muchas veces ni lo sepa) con la satisfacción que obtiene en base al control de su respuesta sexual.

Ese es un tema importante para catalogar y diagnosticar la eyaculación rápida; el dominio de sí, el control sobre los tiempos de su respuesta sexual y, en consecuencia, el manejo, la gestión y la prolongación (cuando se pretende) de la fase de “meseta” que antecede al orgasmo. Pero, aquí, también entra en juego un segundo error común; el creer, como terapeuta, y el creerse el propio paciente que, indefectiblemente, cuando alguien eyacula con mucha brevedad, es porque no se controla.

 

La verdadera insatisfacción de la eyaculación rápida siempre ocurre e inquieta cuando nos enfrentamos sexualmente al otro

Así, el primer factor importante que determina esta dificultad, lejos de ser la duración, es la conciencia que el propio paciente tiene sobre la satisfacción que experimenta en esa duración. Pero hay otro aspecto importante que caracteriza la eyaculación rápida; es un asunto que tiene que ver con la relación que se establece con los otros. La eyaculación rápida como dificultad siempre se manifiesta a los ojos del otro.

Hay pacientes capaces de pasarse mucho tiempo hasta alcanzar el orgasmo, mediante una masturbación, pero cuando entra en juego el “otro”, se desarticulan. También hay pacientes que alcanzan el orgasmo con mucha rapidez durante una masturbación pero ese hecho no les comporta ningún malestar.

Y luego, hay otros que eyaculan rápido masturbándose, les inquieta este hecho, pero ese malestar no es suficiente como para realizar una consulta… hasta que aparece el otro. La verdadera insatisfacción de la eyaculación rápida siempre ocurre e inquieta cuando nos enfrentamos sexualmente al otro. Y eso es muy significativo.

Otro elemento es el si hay un momento específico de la interacción sexual en el que se produce la sensación de descontrol que, en la inmensa mayoría de casos, es durante el coito (tengo pacientes que se pueden pasar horas reteniendo el orgasmo en diversas eróticas, pero en cuanto ven la posibilidad de la penetración, se desarman).

Por último, otro elemento significativo es cómo el que viene a consultarnos, maneja sus deseos; sus deseos, no exclusivamente sexuales, sino de todos los órdenes de su existencia. Y es que, si desear es algo consustancial a los seres humanos por el simple hecho de ser humano, “saber” desear no lo es; es algo que requiere aprendizaje, que exige el paso del niño pulsional que lo quiere todo y lo quiere ya, al adulto deseante que sabe priorizar y esperar para la satisfacción del deseo.

 

El cuadro típico del paciente es que se sienta insatisfecho

Así, cuando en consulta, llega un varón que mira con frecuencia su reloj, se atropella en exceso al hablar y se impacienta por ello, manifiesta en general un carácter ansioso y finalista del que se le intuye que vive mucho más de los resultados que de lo que le procuran esos resultados, ya es fácil suponer antes de que lo exponga qué dificultad sexual viene a abordar.

A partir de ahí, y con esos cuatro parámetros que hemos señalado (sensación subjetiva de satisfacción, relación con el otro, si hay una erótica concreta que la desencadena y gestión del deseo en distintos ámbitos), es cuando se evalúa la situación con vistas a tratar la problemática.

El cuadro típico del paciente, según esos criterios, es que se sienta insatisfecho, que tenga una pareja más o menos estable, que la “incontinencia” surja con el coito y que su estructura psíquica sea ansiosa con caracteres obsesivos. Pero ya digo que esta “tipicidad” puede variar. Si hay una pareja con la que se mantiene una relación estable, esta puede ser de gran ayuda y conviene incorporarla en las eficaces herramientas que maneja la sexología y que se basan en técnicas y ejercicios de contención muy útiles que “enseñan” al paciente, y a su cuerpo, que la eyaculación rápida no es irremediable, en una terapéutica privación temporal del coito, en educarle en los momentos de su excitación para que sepa entenderlos, y en el reforzamiento de su suelo pélvico (grupo muscular capaz de gestionar el ansia eyaculatoria).

Los resultados son, en la gran mayoría de casos, enormemente positivos y la duración del tratamiento muy breve. ¿Cuál es nuestro mayor enemigo para obtener unos resultados óptimos? El que ese “poco tiempo” pueda ser “demasiado tiempo” para ese sujeto que ha hecho de la premura su modo de existencia. Que el paciente se impaciente porque quiere resultados tras la primera visita (o antes), que entienda el proceso de recuperación, por breve que sea, como una “pérdida de tiempo” porque su premura sólo entiende de fines y no de medios… Y es que el mayor problema para abordar eso de “irse corriendo” antes de tiempo es, precisamente, que el paciente “se vaya corriendo” antes de tiempo.


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