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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

Conchita-Wurst

¿Qué es el “cross-dressing”?

Esencialmente, el cross-dressing” o el “crossdressing es el término que designa aquella actitud de “cruzar o atravesar” la vestimenta (el “dressing”), es decir, el término anglosajón que designa el “travestismo”. Cuando en nuestra lengua existe un término consolidado que define perfectamente una erótica, una actividad o una expresión y se empieza a adoptar y a imponer su equivalente en lengua inglesa, sin ampliar por ello el concepto significado,  ello se debe fundamentalmente a una causa muy concreta; que empieza a haber negocio entorno a esa actividad. Y el negocio, además de negocio (la fórmula para sacar beneficio económico de algo), implica normalización; el que una persona que se trasviste, pueda abandonar el confinamiento de su cuarto donde tímidamente probarse frente al espejo braguitas o bigotes postizos, para poder verse acogida por un colectivo que le ampara, le rinde servicio, amortigua aquello tan desagradable (e injusto y erróneo) de pasar de sentirse un “bicho raro” a devenir un “crossdresser”.

Del mismo modo, resulta menos traumático decir que uno es un “crossdresser”, es decir, que gusta de expresarse en las formalidades del género opuesto, que decir que uno practica el travestismo, como de la misma manera, el decir que hoy voy a tal encuentro o a tal local para practicar el “crossdressing”, parece presuponer que se va a realizar una actividad erótica novedosa y semánticamente neutra (cuando lo que va a hacer es eso tan antiguo de travestirse).

El que también empiece a haber fiestas exclusivas y locales específicos de encuentro para tal actividad, además de maquilladoras y estilistas y peluquería (no es de extrañar que, dentro de poco, aparecerán los “coach” de travestismo) que se ofrecen para que el cliente (“crossdresser”) obtenga el mejor producto travestido de él mismo, es síntoma inequívoco de que se empieza a construir una normalización y también mostrar, consecuentemente, que hay negocio alrededor del travestismo.

Ru.PaulRu.Paul, una de las drags más conocidas del mundo.

Practicar el “crossdressing” no implica necesariamente una preferencia sexual o una identidad sexual

Sea como fuera, el travestismo (o el “crossdressing”) es una inclinación fascinante que ha acompañado a nuestra especie desde los albores de la humanidad y que, todavía, permanece sumergida en un marasmo de confusiones y desprecios. Practicar el travestismo no implica necesariamente ni definir una preferencia sexual (homosexual) ni una identidad sexual (ser un o una transexual). Esto es fundamental entenderlo. Sí es cierto que, en ocasiones, esas preferencias y esas identidades van acompañadas de travestismo, pero en ningún caso esto define de partida aquello. También conviene señalar otra característica propia del travestismo; la transformación formal en el otro sexo no es algo exclusivo de hombres (si bien suele ser más frecuente en ellos) sino algo propio de los sexos (las mujeres también se travisten en hombres).

El “crossdressing” es el mejor reflejo del “continuo de los sexos”

Sucede que, contrariamente a lo que suele suceder en las manifestaciones de la sexualidad de hombres y mujeres, en este caso, y siempre fuera de las situaciones en las que se “legitima” el travestismo como manifestación social lúdica (en unos carnavales, por ejemplo), los hombres travestidos están peor vistos por lo general que las mujeres, y se les pone mucho más a ellos en cuestión su virilidad que a nosotras nuestra feminidad.

La explicación es sencilla; cuando el modelo imperante y de dominio es masculino, cualquiera que reniega de él es mucho más duramente sancionado que cualquiera que aspire a él.  Pero, si algo refleja el travestismo, mucho más que cualquier “anomalía” en quien lo practica, es un concepto capital en la comprensión del hecho sexual humano y que la sexología define como “el continuo de los sexos”. En nuestra conformación sexuada, nunca somos “puros”, nadie es exclusivamente una mujer o un hombre sino que sólo lo somos “mayoritariamente”, por lo que nuestra inclinación a devenir lo otro, a que se manifieste lo que del otro nos conforma, es algo subyacente al hecho de ser humano y de ser un humano sexuado.

El vallisoletano Javier Díaz Blanco se convirtió, gracias a su alter ego Deborah Ombres, en la primera travesti en tener un programa propio en la televisión española.

El vallisoletano Javier Díaz Blanco se convirtió, gracias a su alter ego Deborah Ombres, en la primera travesti en tener un programa propio en la televisión española.

El teatro isabelino, el teatro japonés kabuki

En el teatro isabelino (en el que se representaban, por ejemplo, las obras de Shakespeare), la moral imperante impedía que las mujeres pudieran representar papeles en el teatro. Así, eran los actores masculinos los que debían travestirse de mujer para representar, con la mayor exactitud posible, la feminidad, en ocasiones marcadísima, de los personajes femeninos.

El “onnagata” (“figura de mujer”, en japonés) es todavía, hoy, en Japón, una figura capital y extraordinariamente valorada de la feminidad en la representación el teatro “kabuki”. Mientras dura la representación, el “onnagata” es una mujer llevada a la más alta cumbre de la feminidad, sin impostación alguna, sin ninguna exageración… sólo que el “onnagata” es siempre un varón.

Otras “figuras” travestidas…

Hasta el siglo XVI, la Iglesia Católica dio por aceptado el que el papado de una persona (posiblemente, Benedicto III o Juan VIII) en realidad fue ejercido por una mujer travestida (en la leyenda, la conocida como Papisa Juana) y hasta el mismo Aquiles, según cuenta Homero en “la Iliada”, fue travestido de mujer por su madre, Tetis, para evitar que fuera implicado en el conflicto, pues sabía por un augurio que, de ir a la Guerra de Troya, su hijo devendría el más glorioso héroe que conocerían todos los tiempos pero que también perecería en el conflicto.

Nuestra cultura está impresa hasta la médula del travestismo, desde sus manifestaciones más refinadas a las más subversivas. Que es lo mismo que decir que está empapada de traslaciones, ambigüedades, estados intermedios y metáforas. Y eso no es una manifestación de alguna legendaria depravación implícita que deba reprimirse, sino un firme apoyo del progreso y la potencia de nuestra capacidad cultural que debería comprenderse y ampararse como oro en paño (se vista de tacón de aguja llevando corbata o se ponga corbata sobre unos zapatos de tacón de aguja).

 


Además…

Sexualidad y diversidad funcional
Algunos personajes históricos y sus peculiaridades eróticas
El “poliamor” y la testaruda condición humana

 

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