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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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No me gusta mi vulva

Aquello de la bruja del cuento de pasarse el día preguntándose lo de  “espejito, espejito mágico, ¿quién es la más bella del reino?” no suele reportar nada bueno.

 

Pero, si además, el espejito no nos lo colocamos en la cara con afán comparativo sino en la entrepierna y mientras estamos en el retrete, la cosa todavía pinta peor. Y pinta mal no sólo porque indica que una vive obsesionada por compararse a todas las demás, lo que refleja una inseguridad y falta de aceptación en lo propio (pues propio es la exclusiva e irrepetible conformación de nuestras vulvas), sino también porque una realiza una reducción “parcialista” de todo lo que ella misma es en aquello que refleja el espejo (y una cosa es hacerlo en el rostro, en el caso de la vanidosa madrastra, pero otra mucho más inquietante es hacerlo en la vulva).

Y tampoco indica nada bueno como colectividad el hecho de que la mirada de los demás sea aquella que determine en primera instancia, y sin posibilidad de reflexión, el juicio, especialmente estético, que nos podamos hacer de nosotras mismas. Una sociedad, que hace de la apariencia, el principal medio de medrar y prosperar en ella, y que para ello, tenga que hacer un examen exhaustivo y sostenido de las apariencias de los demás, da bastante grima… especialmente porque hoy en día no es sólo que el espejito se haya hecho muy fuerte sino que, además, se ha vuelto muchísimo más canalla.

Nos “venden” modelos de perfección

Así que, actualmente, y en consecuencia, se puede deducir además que no sólo tenemos a nuestro alcance una multitud de rostros que nos dicen fundamentalmente lo que a nosotras nos falta sino también una multitud de vulvas. Bien es verdad que las “buenas costumbres” no posibilitan todavía el que vayamos haciendo por nuestras calles ostentación de nuestras vulvas, pero los medios digitales de difusión masiva, así como la entronización de, por ejemplo, el porno, hacen que los genitales femeninos estén a la orden del día.

Pero, ¿qué genitales se muestran? Pues, como todo lo que tiene que ver con la publicidad, casi siempre lo que la sociedad considera “modelos de perfección”. Y en una concepción y un modelo de la sexualidad como el nuestro en el que priman las lozanías y las juventudes casi pueriles, los genitales que se promocionan y con los que nos comparamos son los de una jovencita que ha ejercido todavía un uso muy restrictivo de ellos (es decir, genitales con todavía “poca vida”, genitales poco trotinados y que no saben, por ejemplo, lo que es la fuerza de la gravedad o el parir). Labios mayores apenas visibles, vaginas estrechas, clítoris discretos rozando la inexistencia, pubis sin excesivo volumen, etcétera, etcétera.  Y si las mujeres que ya tenemos más de un vuelo y perdimos, hace tiempo, el plumón del cogote, nos tenemos que fijar en ellos como arquetipo de lo que son unos genitales bonitos y deseables, pues vamos a pasar un mal rato.

La oferta y la demanda… ¿O era al revés?

Pero, en este mundo en el que todo tiene remedio, tras pasar por caja, y todo es consumible, la oferta de “reparadores” y “rejuvenecedores” para tan particular área de nuestra anatomía crece y se expande en la misma proporción que nuestras avideces remodeladoras. Lo malo es que cuando crece la oferta, también tiende a crecer a demanda y la inquietud que la propicia. Lo de que la oferta condiciona la demanda es un vieja máxima que funciona fácticamente en muchos ámbitos de nuestra vida (¿nos interesan los programas de TV  “basura” y por eso hay mucha oferta?… ¿No será más bien que, como la oferta es ingente, no hacemos otra cosa que ver estas porquerías?).

Así, y volviendo a lo de la entrepierna, las clínicas de cirugía genital y los productos que ofertan se expanden como el mar en marea alta. Entre sus servicios, se suelen contar la “labioplastia” (también llamada sugerentemente “ninfectomía vulvar”) que augura la modificación quirúrgica de los labios mayores o menores de la vulva de acuerdo a las expectativas de la clienta, o la “lipoplastia” (“lipofilling en labios mayores”), que es una “remodelación escultural” en base a transferir y reestructurar las cantidades de grasa en el Monte de Venus o en los labios mayores, la “liposucción de pubis” que, como su nombre indica, retira la grasa que se considere excesiva en el pubis para dotarlo de un “aspecto más juvenil”, la “vaginoplastia”, que promete estrechar la cavidad vaginal a grosores más compresores (del pene, se entiende), el “aumento del punto G”, bien por lipotransferencia o inyectando allí ácido hialurónico y hasta la “himenoplastia” o reconstrucción del himen, que recompone el himen y, de paso, la virginidad “perdida”.

Todas estas intervenciones que, como se supondrá, no las regalan, se suelen promocionar como algo que pretende, en primer lugar, habilitar supuestas dificultades funcionales mucho más que simples operaciones de estética puras y duras… pero está claro que, si de verdad lo primero primara sobre lo segundo, pocas clientas iban a tener estas clínicas que llevarse a la boca (o a los labios). También es recurrente que, en su publicidad, aparezca lo de “rejuvenecimiento” o lo de “juvenil”… como si una jovencita no pudiera tener los labios grandes o el himen ya perdido en algún portal. Imagínense que esa comparativa entre la “perfección” y “lo que hay” no la realiza una mujer madura y con el criterio más o menos bien formado, sino una chiquilla que cree que, por tener el pubis más rellenito que su compañera de clase, su vida va a ser un desastre… (En eso de designar “anormales”, somos unas fieras).

Un asunto que merecía un post

Siempre he sido partidaria de que cada mujer haga con su cuerpo lo que le plazca, procurando evitar el causar daño a ella misma o a los demás. La libertad individual de una mujer no sólo reside en su entendimiento sino también en su cuerpo y en lo que en él acontece. Pero quizá coincidan conmigo en que si alguien se levanta por la mañana, con la presión del espejito en la entrepierna como preocupación significativa en su existencia, es que el asunto merece, cuanto menos, unas líneas…


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