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El blog de Valérie Tasso

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¿Qué es la dispareunia?

Me contaban el otro día que los japoneses tienen un término para designar “una mujer que es bella, vista de espaldas, pero que cuando se da la vuelta, nos produce decepción”. Y no deja de resultar curioso que todo ese seguido de acciones, juicios y emociones se puedan sintetizar en un solo término. Pues bien, nosotros tenemos uno que vendría a significar más o menos y si a la etimología nos remitimos, “cualidad del trastorno por la condición de compartir sexo con un compañero de lecho”. Ese término es “dispareunia”.  Aunque el término procede del griego, lo cierto es que ningún griego de la época clásica jamás lo utilizó, porque “dispareunia” fue un neologismo creado por un ginecólogo británico a inicios del XIX para catalogar clínicamente aquella dificultad que opera con dolor cuando, durante una interacción sexual, la vagina es penetrada.

Una afectación que también se da, en menor medida, en el hombre

La dispareunia es, por tanto, una afectación que suele asociarse indefectiblemente a dos únicos elementos; mujer y coito. Aunque en sentido estricto, la dispareunia puede afectar también a los hombres, pues se da en ellos en una proporción aproximada de un hombre por cada cinco mujeres, si bien en estas últimas, y según algunas estimaciones, el porcentaje de afectadas supera el del 25 por ciento de la población femenina (una de cada cuatro por si hay alguno de letras). Lo cual es una barbaridad de mujeres. Tampoco el coito es la única erótica que puede operar con dispareunia, pues, de hecho, ésta se puede detectar en mujeres que no han realizado esta práctica, simplemente con introducirse los dedos o al insertarse un tampón en la vagina. Pero, sea como sea y vista su mayor incidencia, tomaremos por buena la asociación mujer y coito para abordar la dispareunia.

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Diagnosis de la dispareunia

Lo que, en cualquier caso, sí es definitorio de la dispareunia es el dolor. Un dolor que, en su intensidad, puede manifestarse desde una molestia claramente perceptible a inhabilitar por completo el acto que lo produce. La sensación dolorosa también puede variar en su interpretación; la paciente puede percibir desde un dolor cortante a una quemazón localizada pasando por un dolor persistente y agudo.

También varía la localización donde se produce (desde el área externa de la vagina situada en la vulva hasta el abdomen o en algún punto más concreto de la vagina) y el momento de la interacción sexual en el que se produce ese dolor es definitorio, pues puede darse desde inicio del coito, en medio de éste, en el orgasmo o incluso después.

Todas esas “posibilidades” que engloba la dispareunia, en la irrupción y caracterización del dolor, no significa que una misma mujer vaya a experimentar tantas variaciones de intensidad, localización o momento, sino que todas esas manifestaciones se incluyen en la diagnosis de dispareunia. Con lo cual tenemos un término genérico (la dispareunia) que, en ningún caso, da pistas sobre la causa sino sólo sobre la manifestación de una sintomatología (con lo que, como valor diagnóstico, es algo así como decir “dolor de cabeza” o lo que se decía antes de “eso son los nervios”).

Las causas y los tratamientos

Por tanto, las causas que pueden generar dispareunia pueden ser extraordinariamente diversas y tener base orgánica, patológica, psicológica y otras. Entre las que tienen una base orgánica, el abanico es amplísimo y abarca desde alguna conformación estructural que dificulta la penetración, algún tipo de infección genital, los efectos de una enfermedad de transmisión genital, la endometriosis, quistes, fibromas o miomas, cistitis y hasta padecer de colon irritable.

Entre las causas psicológicas, no es que se estreche mucho el cerco, y el origen puede encontrarse desde falta de educación sexual, miedos, represiones, abusos, particularidades con la pareja, etcétera. Factores como cirugías, dificultades en la lubricación, traumatismos, la menopausia, tratamientos oncológicos, etcétera, también pueden desencadenar un proceso de dispareunia.

Por lo tanto, en estos casos, lo primero es siempre intentar clarificar la causa que la produce, a través de recursos como un examen ginecológico completo que incluya la exploración, la ecografía y citologías, así como el establecer un historial clínico que determine cuestiones como desde cuándo aparece, si es recurrente o puntual, o en qué momento y cómo se manifiesta.

Normalmente, con ese primer paso, y en una visita, se aclara la causa o se descartan muchas. Una vez obtenido el motivo de la dispareunia, o bien se procede a su tratamiento a través de recursos médicos o bien, si la causa no es patológica u orgánica, o si lo fue en su día y ya no lo es pero persiste, entonces es cuando podemos prestar nuestra ayuda los sexólogos. Con lo que, de una manera u otra, y desde una óptica profesional concreta o una coordinada, lo cierto es que la dispareunia puede remitir o desaparecer en casi todos los casos tratados. Lo importante, en cualquier caso, es abordarla, no permitir que, sea cual sea el motivo, asumamos el dolor como algo consustancial a practicar el coito. Y que cuando desaparezca, una se pueda dar la vuelta y mirar de frente, sin temor, a que se produzca decepción alguna (para eso, creo que los japoneses no tienen un término… ¡qué mundo éste!).


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¿Qué es la endometriosis?
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