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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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Crisis de pareja tras las vacaciones: ¿a qué se debe?

Una de las mejores cosas del marxismo ha sido Groucho Marx. A él parece que le debemos la sentencia: “La primera causa de divorcio es el matrimonio”. Y de algo de eso (y de muchas cosas más) sabría el buen hombre, pues se le conocieron tres matrimonios (con sus correspondientes divorcios) para acabar viviendo en soltería los últimos ocho años de su existencia.

Cuando Rocío Jurado cantaba aquello de “se nos rompió el amor de tanto usarlo”, estaba refiriéndose, aunque en forma un tanto melodramática, a lo mismo que apuntó el bueno de  Groucho; el amor entre dos personas es la principal causa de que dos personas dejen de amarse. Dándole un poco más de giro a la sentencia, podríamos decir que la primera causa de fractura de una convivencia es la propia convivencia… Y eso es una circunstancia tan absurda como cierta. Nada desgasta más ni pone antes fin a una relación que el uso de esa relación.

 

No nos engañemos… Hay una realidad: la convivencia desgasta y es absolutamente normal

La convivencia, como dicen que pasa con el ejercicio del gobierno, independientemente de cómo se efectúe, desgasta. Aunque también es verdad que, si en lugar de bien se gestiona mal, desgasta muchísimo más. Un ejemplo de esto lo tenemos en lo que, si a algunos datos demoscópicos nos remitimos, parece ser una realidad social: a la vuelta de la convivencia vacacional es cuando más número de parejas se separan.

Esto no es que se deba a un asunto exclusivo del hecho de estar de vacaciones, sino al hecho de que hay un cambio en las relaciones de convivencia que la pareja viene manteniendo el resto del tiempo. Al estar alejado de las atenciones cotidianas, hay ocasiones (bastantes) en las que se convive más y que se convive peor.

No cabe duda que la “maldición vacacional” puede deberse también a otros aspectos que merecería tener en consideración; la novedad de rostros y la búsqueda prioritaria de euforias. Lo primero hace referencia a que, en el trabajo, igual que pasa en casa, enseguida sabemos más o menos lo que hay y las “novedades”, en forma de reclamo erótico, no suelen abundar (salvo congresos y “expediciones” varias…), mientras que de vacaciones, especialmente si somos de los que viajamos, empiezan a surgir, como del fondo de la arena, las “posibilidades”, las novedades que, como un soplido en la brasa, activan nuestro imaginario erótico y nuestras ganas existenciales de cambio. Lo segundo, lo de la euforia, hace referencia a que ése es un momento que solemos considerar como ganado por derecho después de un tiempo demasiado largo de entrega a una causa que, muchas veces, no sabemos ni la que es, un tiempo en el que se nos tiene que “compensar” y en el que tenemos todo el derecho del mundo a priorizar, a nosotros y a nuestras apetencias.

Estas dos causas no anulan ni contradicen para nada la que creemos que es la prioritaria; la convivencia. Una convivencia que, de repente, se hace “extraña”, que cambia sus rutinas, que se hace más explícita y que puede ser interpretada como la invasión del otro, y con esa invasión, la irrupción de sus deseos y, en demasiadas ocasiones, la coartación de los nuestros…

 

El talento de una pareja reside en saber encontrar esa distancia en la convivencia en común

No hace mucho, le oí referir un concepto curioso a un antropólogo; era el de un “Dios ocioso”. Según él refería, el concepto y la vivencia de Dios tenía que mantenerse siempre a una determinada distancia; ni demasiado cerca pues su presencia se haría abrumadora y perderíamos cualquier capacidad de autonomía y de iniciativa, ni demasiado lejana (ahí entra lo del “Dios ocioso”), pues en tal caso, no le prestaríamos la mínima atención ni tendríamos en consideración su existencia (nos daría igual que estuviera por allí o no). Con el amor y con la convivencia, pasa un poco igual; si se hace demasiado presente, nos ahoga, y si está demasiado distante, entonces no nos hace falta para nada.

Es por eso que uno de los talentos de las parejas que llegan a convivir mucho tiempo juntas es el saber encontrar esa distancia en la convivencia en común, de forma que ésta esté siempre presente pero nunca demasiado presente. El respetar los espacios, los tiempos, las intimidades del otro, sea en vacaciones o en la rutina diaria, es casi tan fundamental como no olvidar que lo que tienes en casa o en el apartamento de veraneo no es un sofá sino tu pareja… A ver si así conseguimos que el crucero sea algo parecido a aquel legendario “Vacaciones en el mar” y no una barcaza que, al regresar, zozobre nada más entrar por la bocana del puerto.


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