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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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Tres escenas magistrales de sexo “de cine” que te harán pensar sobre nuestra condición sexuada

Se había propuesto no acostarse con ella, sin embargo, allí estaba Christian, vestido y sentado en la cama mientras ella se “ponía cómoda”. Por la puerta entreabierta, Christian ve, con asombro, cómo pasa frente a él un chimpancé, se sienta en un sofá en la habitación conjunta, toma unos lápices de colores y empieza a colorear en un cuaderno. Al poco, llega Anne con un “deshabillé” rojo. Ambos se meten en la cama, uno al costado del otro. Sin mirarse.

Christian, ya cubierto por las sábanas, se quita los calcetines. Ella se coloca sobre él, sin que medie beso ni mirada de complicidad alguna y empieza el baile. Los siguientes planos se centran en las expresiones de ambos mientras se agitan desaforadamente en un coito particularmente esforzado. Hay mucho traqueteo y cambios de postura. Christian alcanza el orgasmo. Deslizando las manos bajo las sábanas, comienza a quitarse el condón. Anne le dice que se lo dé. Christian, por aparentes cuestiones de cortesía y pudor, se niega. Y comienza una pugna por ver quién se hace definitivamente con el preservativo, hasta tal punto que ambos lo estiran por cada lado. Anne, que intuye que él se niega a entregárselo por temer que ella vaya a hacer un mal uso de su contenido, le reprocha su vanidad, que él niega, y finalmente, le trae una papelera para que él lo tire. Eso hace y Anne, con la misma media sonrisa que lleva durante toda la escena, se lleva la papelera fuera de la mirada de Christian.

“The Square” de Ruben Östlund

 

La escena pertenece a la película de Ruben Östlund, “The Square”, que se estrenó en 2017. Además de inteligente y enormemente divertida, muestra algo muy propio de nuestro tiempo: el recelo creciente de las relaciones entre los sexos, los efectos que produce el hecho de que los procesos de seducción y acercamiento quieran ser vistos, cada vez más, por determinados grupos de presión social, no como gestos de afecto entre dos personas que se van a amar sino como las primeras manifestaciones de dos animales que se van a descuartizar.

La escena pasa en Estocolmo, la capital del mismo país que quiere exigir un contrato de consentimiento mutuo previo a cualquier interacción sexual eventual… (Primero, pase por el notario y después, si todavía se atreve, folle). El hecho de que Östlund (sueco, él mismo) sitúe esta erótica acción en el marco de la arquetípica frialdad sueca (casi procedimental) del cohabitar carnalmente, refuerza un segundo aspecto de nuestras actuales relaciones: la falta de compromiso hasta para mantener relaciones sexuales, el “me entrego pero no me acabo de entregar, no vaya a ser que…”.

“Lust, Caution” de Ang Lee

Todo lo contrario, puro ardor, entrega y pasión, nos describe Ang Lee, en la primera escena erótica entre el señor Lee y la jovencita Wong Chia Chi, de su película “Lust, Caution” (2007). Bajo una relación inicial de poder (ella quiere aproximarse a él para obtener información y él es un influyente tirano a quien sólo le importa él mismo), ambas psicologías y ambos cuerpos se entregan en una coreografía perfecta y salvaje, en una lucha erótica de fuerzas, tensiones y miedos de una belleza sencillamente magistral. Las huesudas manos del tirano retirando su cinturón y las axilas peludas de la jovencita que se deja manejar, conforman, en la agonía de la confrontación erótica, uno de los más bellos relatos cinematográficos de sexo que se han descrito.

“La pianista” de Michael Haneke

Y lo que en Ang Lee es virtuosismo y precisión en el encuentro sexual, en “La pianista” (2001) de Michael Haneke es profundización en la torpeza y deslizamiento hacia el más estruendoso de los ridículos, en la escena de Erika, en el  vestuario de la pista de hielo. Su felación a Walter es simplemente memorable. La erótica de Erika no es esa, no sabe hacerla, no la siente, sólo pretende contentar a un convencional amante que se le escapa. Su vómito (literal y sobre los pies de Walter) es un liberar las entrañas frente al asco de los “normalizados” en sus eróticas y su posterior salida desamparada y titubeante sobre la pista de hielo, toda una metáfora de lo que es andar perdida sobre un terreno, el de las relaciones humanas, que se le hace extraordinariamente resbaladizo.

Tres escenas y tres comprensiones geniales de lo que satisface, confunde, aturde y trasciende a estos pequeños animales que, en ocasiones, se aman y no siempre saben cómo (aunque, a veces, sepan hacer cine).


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