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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

La leyenda del pene atrapado en la vagina

¿Qué es el “penis captivus”?

Las que ya deberíamos empezar a peinarnos las canas (si no existieran los maravillosos tintes) tenemos, frente a temas diversos, una cierta distancia. No hemos perdido por completo la ingenuidad y estamos abiertas a dejarnos sorprender pero tampoco se nos enreda fácilmente pues, eso de la lucidez, ya empieza a aflorarnos en la cabeza (por entre las canas, más o menos…). Y esa actitud la mantenemos hacia casi todo en esta vida, por ejemplo, hacia las leyendas urbanas. Entre éstas y relativas al hecho sexual humano, hay algunas muy particulares con su inevitable punto de sorna y moralizante moraleja, como la del “penis captivus”.

Una leyenda urbana que existe desde los inicios de la historia de la humanidad

Cuando yo era jovencita (y no sabía ni lo que era una cana), no había compañera que no tuviera una conocida con un primo lejano que tenía un amigo al que le había sucedido algo escalofriante. Puesto el amigo del primo lejano de la conocida de mi compañera a copular con una buena moza, le sucedió que, en medio del acto y sin previo aviso, su pene se quedó atrapado dentro de esa misteriosísima cavidad que venimos en llamar vagina. Ante el estupor de los amantes y la imposibilidad de “desengancharse” del amoroso abrazo, no quedó más que llamar a las autoridades sanitarias para que, con el consiguiente sonrojo del personal, pongan fin a tan pegajosa situación (aquí, los relatos cobraban el máximo dramatismo; que si la ambulancia, que si los dos en la misma camilla, que si el enfermero tira por aquí y el camillero por allá…). Desconozco si a las jóvenes de ahora les siguen contando estas historias que, como digo, y sospechosamente, siempre ocurrían en una situación de lo más inapropiada; en medio de una infidelidad, en un “aquí te pillo” en unos lavabos públicos, etcétera, pero lo cierto es que a nosotras nos lo referían con cierta asiduidad, y no sólo a nosotras sino que es un relato que ha recorrido la historia de la humanidad desde sus inicios. Tanto es así que hasta le pusieron, a esta extrañísima y “penetrante” dolencia, un nombre y no sólo un nombre sino uno en latín que da mucha más prestancia a los diagnósticos (“penis captivus”, es decir; “pene cautivo”). Las referencias, como digo, a lo largo de la historia de la carnal escena inmovilizada, se repiten una y otra vez; desde Homero que relata cómo consigue inmovilizar el habilidoso Hefesto a su infiel Afrodita con una red indestructible a la par que invisible junto a su amado Ares, para convertirlos en el hazmerreír del Olimpo hasta prédicas medievales de la cristiandad que cuentan cómo Dios castiga a los adúlteros con la sujeción permanente en su condenable acto.

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¿En qué consistiría el penis captivus?

Las sospechosas cercanías conceptuales de estas historias con las que, tradicionalmente, se le han atribuido a ese inquietante conducto que es la vagina (valga de ejemplo la de la “vagina dentata”; una especie de boca inferior que, con sus poderosos colmillos, emascula al valiente que por allí pase… similares por su voracidad a aquello de los “agujeros negros”) sacan de servidora la parte menos crédula. Si a eso se le añade que, ni personalmente me ha sucedido ni he tenido paciente alguno con ese problema, además de que no conozco a nadie que directamente le haya sucedido o a profesional de la medicina que haya tenido que tratarlo, pues mis recelos por la recurrente “realidad” de que tal dolencia exista se incrementen. Pero, ante la inminencia de algún indignado comunicado de una lectora diciendo que a ella (o al amigo del primo lejano de la conocida de una compañera) le ha sucedido y por mi parte ingenua que todavía quiere creer que hay hasta lo que no hay, me cubriré en salud dando la posibilidad de que algún tipo de inapropiada sujeción momentánea pueda producirse en el pene por parte de la vagina. A la vagina la activan y le dan movilidad toda una serie de músculos, siendo el suelo pélvico, y dentro de él, el músculo elevador del ano, el más significativo de entre ellos. Por eso, la vagina tiene contracciones durante un orgasmo o es capaz de mover bolas chinas (algunas hasta hacen malabarismos con ellas). Al depender de una serie de músculos, podría darse que éstos, en algún momento, se “acalambraran”, que sufrieran un espasmo que hiciera que la vagina se cerrase de forma significativa durante un momento. Si a eso se añade que si un pene erecto es presionado en la base del tronco, impidiendo que el flujo sanguíneo circule y el pene se engrosa (los actores porno suelen tener el poco aconsejable truquito de presionar esa zona con una cinta para mostrar mayor grosor), pues podría suceder una transitoria sujeción que desaparecería en cuanto se relajara el músculo. De ahí a lo de “atados de por vida” va un trecho… Pero bueno, siempre es conveniente tener a mano el teléfono de urgencias (no vaya a ser que hayamos dejado la tortilla al fuego).

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Además…

 

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