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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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¿Qué es la “dominación financiera”?

Ya he dicho en alguna ocasión que los humanos somos fascinantes. Nuestro ingenio, nuestra capacidad de llevar las cosas más allá, la habilidad para problematizar (obteniendo satisfacción y sentido en las cosas del mundo) o la complejidad y oscuridad que rigen nuestras acciones y pensamientos no pueden más que calificarse de fascinantes. Somos bichos rarísimos y lo que es aún mejor, ni siquiera tenemos pajolera idea ni de lo raros que somos ni del porqué somos tan endiabladamente raros. Aquello aristotélico del “hombre es un ser racional” apenas destapa el esmalte, la veladura, la más epidérmica de nuestra caracterizaciones.

Los que creen saber que, desde la razón o desde la gestión de las conductas, se puede controlar a un ser humano se pierden lo más preciado del ser humano; su humanidad. Tampoco éstos están, aunque no lo sepan, especialmente dotados para intentar comprender e intervenir en una de las zonas más oscuras y complejas, además de más amplias, de eso que se pierden; lo que conlleva la condición de ser sexuado en cuanto humano. Una de esas cuestiones fascinantes sobre nosotros mismos que, desde muy niña, llamó poderosamente mi atención es nuestra necesidad de ser dominados. A Étienne de la Boétie le debió ocurrir lo mismo, pues apenas superada su adolescencia, escribió un breve tratado que fascinó al mismísimo Montaigne; su célebre “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”. ¿Por qué carajos necesitamos que nos dominen? Y más aún; ¿por qué podemos obtener placer de esa sumisión?

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La dominación financiera forma parte de la erótica del BDSM

El territorio de nuestra sexualidad no es en absoluto ajeno a esa particular inclinación. Ya nos hemos referido en varias ocasiones a esa multitud de eróticas que suelen englobarse bajo el acrónimo general de BDSM (Bondage- Disciplina, Dominación-Sumisión, Sado-Masoquismo), pero hoy nos centraremos brevemente en una sorprendente: la dominación financiera. Su principio es, de partida, simple: el que otra persona, y no uno mismo, sea el que gestione los recursos económicos propios. Que sea otro (la “dómina” o, en su caso, el agente masculino de dominación) quién decida qué, cuándo y en qué te puedes gastar tu dinero… y además cobre (cuanto y cuando le parezca) por ello. Es una situación que, a algunos, les recordará inmediatamente los manejos a los que nos someten a todos nosotros (economías nacionales incluidas) las grandes corporaciones, el FMI y la madre que los trajo al mundo a todos sin que nos acabemos de dar cuenta y sin que nos haga la menor gracia, pero la dominación financiera, en el BDSM, tiene unas particularidades muy específicas.

 

Las tres grandes características de la dominación financiera

  1. La primera es precisamente esa; que  forma parte de la realidad teatralizada que caracteriza al BDSM, donde las cosas pasan pero pasan sin generar los efectos de la realidad (un cachete es un cachete, pero una cosa es que te den un cachete por la calle y otra que te lo dé tu pareja en un juego erótico) y donde pasan bajo la garantía del acuerdo entre las partes adultas. La dominación financiera también se acoge a esa triada sagrada en el BDSM de “sano, seguro y consensuado”.
  2. La segunda cosa es que el marco en el que ese acuerdo se establece es un marco erótico y lúdico y, si bien esta particular dominación entraría dentro de las que genéricamente se conocen en la erótica como dominaciones psicológicas, nunca pierde ese carácter lúdico, sexual y hedonista.
  3. La tercera característica es que, por todo eso, es extraordinariamente difícil ser una buena “dominatrix” o “dominatriz” financiera al no poder perder ni un momento de vista ni las apetencias del sumiso (presunto… en el BDSM, el sumiso es siempre el presunto sumiso) ni el carácter festivo y acordado en que se sostiene esa particularidad erótica.

Así que las excesivamente ambiciosas, las tiranas por naturaleza y no por entrega o las que creen que esto es el chollo de la gallina de los huevos de oro, que se lo piensen dos veces antes de meterse en estos lares… En el BDSM, puede haber algún mirlo blanco pero hay muy pocos pardillos. Y es que hay muchas más maneras de agarrar el rábano que por las hojas o al toro que por los cuernos… Pero esas otras maneras (y más cuando se quiere sujetar la cartera) requieren de un exquisito talento.


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