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Tú y el sexo

El blog de Valérie Tasso

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El morbo del “glory hole”

Una de las primeras cosas que una chiquilla aprende cuando pasea por el campo es a no meter nunca la mano en una madriguera, como también suele aprender, cuando está en casa, lo poco conveniente de meter los dedos en el enchufe. Y es que ambos, madriguera y enchufe, son siempre una tremenda tentación para estos animales curiosos que somos, pero a la vez un riesgo que puede depararnos una desagradable sorpresa…

A nuestra inclinación por “desvelar” lo que está oculto (a la verdad, los griegos la llamaban “aletheia”, que significa eso: desvelar, desocultar), se une el miedo que nos provoca lo desconocido, lo que todavía no tiene forma ni catalogación. Pero lo verdaderamente significativo es que lo segundo (la inquietud y el miedo por lo desconocido, por lo tapado, por lo prohibido, por lo inmoral) acrecienta exponencialmente el interés y la avidez (la “libido”) por desvelarlo (por conocer su “verdad”). A este incremento de nuestro deseo en estos particulares parámetros, lo llamamos “morbo”. “Morbo” es un término eminentemente despreciativo; proviene etimológicamente del latín  “morbus” que significa “enfermedad”, lo que indica a las claras que, quien implantó a esa avidez ese término, no quería precisamente aprobar que se sintiera esa atracción por lo oculto. Y es que, claro está, lo oculto, el tabú, no sólo se refiere a madrigueras sino, como hemos indicado, a lo que el orden moral marca como no conveniente, y guiarse por esa inclinación ha sido considerado de antiguo inmoral, pecaminoso y, especialmente en el terreno de nuestra condición sexuada, perverso y depravado. Y si meter la mano en una madriguera puede ser considerado morboso… imagínense lo que es meter los genitales en un agujero encontrado sobre el tabique que separa los retretes de unos baños públicos, sin poder ver qué hay al otro lado, si un conejito o una serpiente.

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El riesgo que supone el glory hole es justamente lo que lo hace tan morboso

A ese agujero realizado con tal “morboso” propósito, normalmente en baños públicos, cabinas de un sex-shop o clubes sexuales, se le llama “glory hole” (“agujero glorioso”). Lo más habitual de esta práctica erótica es que un varón introduzca de manera anónima por esa oquedad su pene en espera de recibir una felación, una masturbación, coito anal o vaginal por parte de otra persona que también mantiene su anonimato, pero el “glory hole” cumple a veces también la función de satisfacer las exigencias complementarias de voyeurs y exhibicionistas. De ello se deduce que lo propio de esta práctica erótica no es lo que se hace sino el cómo se hace… Es el encontrarse no se sabe cuándo con no se sabe quién para hacer no se sabe qué y, al concluir, seguir sin saber muy bien ni el qué se ha hecho ni especialmente con quién se ha hecho (ni tan siquiera el género del “partner” al otro lado del muro). Huelga decir que es una práctica de riesgo y con ello no quiero decir sólo que conlleva riesgo sino que el riesgo es su principal motivo.

 

El glory hole: señales para el encuentro erótico y elaboración

Como hasta en la desregulación suele haber ciertas reglas, los aficionados a esta erótica suelen conocer los “lugares agujereados” que están en activo y del mismo modo, aun preservándose la esencia de enfrentarse a lo desconocido que le da sentido, suele haber ciertos códigos e indicaciones de que el encuentro erótico puede producirse; por ejemplo, una señal a campo abierto o el pasar la mano o un dedo por el agujero para indicar que se está receptivo al anónimo pene. Señalar también que el orificio del “glory hole” no es una abertura cualquiera. Servidora ha tenido la ocasión de encontrarse, en su deambular, dos de ellos en lugares públicos (uno en Londres y otro en Barcelona, el primero sobre plancha de metal y el segundo sobre un panel sintético) y ambos, y al parecer la mayoría, tienen cosas en común. Sobre todo su tosca elaboración (parecen hechos de manera improvisada y por alguien que tuviera mucha prisa o mucha ansia) y su considerable tamaño (se suponen que deben permitir que pasen todos los genitales, es decir, pene y testículos incluidos). En los lugares más reservados como los locales que mencionábamos con anterioridad, el agujero es un poco más elaborado (sólo un poquito más, pues deben mantener la sensación de provisionalidad) y los bordes de la oquedad suelen estar algo más protegidos para evitar cortes o rozaduras (pero que nadie se crea que utilizan para ello silicona médica o algo parecido… un poco de cinta americana suele ser suficiente para tal propósito).

 

Así que ya sabe, si un día, entre unos retretes, se encuentran un agujero de estas características, absténganse de meter la mano (ni nada en particular) en él… o si no, no se abstengan y sean morbosas; lo más probable es que se lleven un buen susto pero quizá, así, descubran también porqué a ese orificio lo llaman “glorioso”…


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