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Taller de Lectura

El blog de Mara Malibrán

La Gioconda de la Pampa, Ortega y Gasset y Chanel

La literatura de Memorias, -memorialística se llama, pero cuesta escribirlo y más decirlo-, es un género que, si se realiza con generosidad, talento e imaginación, nos hace disfrutar enormemente. “Darse”, de la escritora argentina Victoria Ocampo, es un ejemplo paradigmático de lo unas memorias interesantes, bien escritas, que recogen toda una época. Aristócrata argentina, mecenas de la cultura, Ocampo fue una de esas mujeres despampanantes no solo por un físico deslumbrante , sino porque era una intelectual con un destacado bagage cultural .

Una millonaria, de esas que tan poco abundan, que supo utilizar de forma inteligente y cabal, su enorme patrimonio para bien de la cultura y de ella misma, asumiendo iniciativas culturales que marcaron la vanguardia, como la creación de la revista Sur. Vivió intensamente, a comienzos del siglo pasado, y estas memorias así lo demuestran; fue una mujer libre en una sociedad conservadora, feminista, sin prejuicios, que amó a diferentes hombres al mismo tiempo; no se le puso nada por delante. Hay que dar las gracias a la Fundación Banco Santander por este magnífico libro, Darse, que garantiza tardes entretenidas, una lectura de calidad literaria, amena, llena de anécdotas pero también de reflexiones y matices.

La estupenda introducción del poeta Carlos Pardo nos acerca a esta mujer fascinante, hermana mayor de Silvina, cuentista y mujer de Bioy Casares; amiga de Tagore, de Virginia Woolf, de Chanel, de Drieu de la Rochelle y de todo un elenco de intelectuales que desfilan por estas páginas. Belleza, inteligencia y fortuna. Los tres pilares de la alegría de vivir, que escasas veces coinciden, sostenían a esta mujer que, como decía Borges, “en una época en la que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser un individuo”.

Y como la mejor manera de hacer elogio de una obra es transcribir sus más hermosos pasajes y no en parafrasearlos, como dice Carlos Pardo en la introducción, aquí va una pequeña muestra del talento de Victoria, cuando habla de Chanel y de Ortega y Gasset, que la bautizó como La Gioconda de la Pampa,

“Al conocer a Ortega, quedé atónita ante su inteligencia efervescente, que bebía a traguitos por el cosquilleo de agua mineral que me producía. (…) ¿Cuáles fueron los temas de nuestras primeras conversaciones? No lo recuerdo. Yo escuchaba. Recuerdo sí, que todo cuanto él decía estaba dicho de una manera especial y penetrante. Me acuerdo de su manera de decir las cosas más que de las cosas que decía. (…) Ortega se condujo conmigo de manera generosa e imprudente. Imprudente…pero ¿deliberadamente o no? Julia V me dijo ( nunca le había mencionado mis relaciones con J)* lo que opinaba Ortega sobre ciertos aspectos de mi vida. Creía que perdía yo el tiempo al encapricharme con un hombre de un nivel intelectual inferior al mío. Este comentario, que a menudo hemos hecho sobre cualquier pareja, “ella vale más que él” o viceversa, me indignó. Me hirió doblemente en mi ternura por J. Y en mi amor propio.(….) El resultado de esa torpeza, o de esa falta de tacto, fue grave, dejé de escribirle totalmente”.

(*J, primo de su marido, fue amante de Victoria Ocampo durante muchos años)

“Unos meses después de su partida de Buenos Aires, recibí una voluminosa carta de Ortega, “Victoria, Victoria! No está bien…(…) El hecho es que no me escribe: y es difícil que en mi vida actual pueda darse otro hecho más doloroso. He procurado y procuraré retener toda expresión superlativa de mi amargura porque pienso con Goethe que es inmoral y antiestético dar el espectáculo del dolor.(…) Su silencio, es el lenguaje propio del olvido. Me ha olvidado usted, “buena amiga”, ¡me ha olvidado usted fabulosamente!”

COCÓ CHANEL HABÍA TENIDO RELACIONES CON J, EL AMANTE DE VICTORIA, “y yo había estado celosa, como de muchas otras mujeres.” Victoria la conoce en 1914, y cuenta como Coco le decía que no le gustaba tener relaciones con los hombres (con cada hombre) más dos o tres veces, porque luego se ponían celosos y exigentes. “Mis conversaciones con Chanel me hicieron comprender la locura de ciertos celos.(…) Físicamente estaba llena de gracia, de encanto, de elegancia, aunque lo seco de su corazón se transparentaba demasiado para que una tuviera ganas de dejarse atrapar por el sortilegio. (..) Cuando llegué a París me encantaron los modelos, o el modelo Chanel. Al verla a ella uno comprendía que ese encanto dimanaba de su propia persona: el modelo era ella misma. Quien no ha visto un traje de Chanel sobre el cuerpo de Chanel no ha visto un Chanel.”

Y además…

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